31.8.08

Joker dicta, Otelo escribe.

y es así, pasa que a Joker no sé si le siguen gustando los cuentitos, porque dejó de dictar un día y se aventuró a probar otras cosas que no llegaron a ningún lado.

Paf, le damos una cachetada a Joker a ver si quiere dictar algo y dice "hey, no me jodas", qué le pasó? Vamos man, mandate otro de Ekaterina! o hacemos uno a lo Tarantino, "pero nooo, dejá de aburrir a la gente con eso"

Y entonces man? Vamos a escribir lo primero que se nos viene a la cabeza? ya hay demasiados blogs de esos. Pero bueno, es lo que hay, sino lo dejamos muerto otro par de meses, pero la posta es que estás aburrido y querés escribir un toque.

Y dale, vamos a hacer eso. Vamos a desacrar el blog de cuentos y hacer más de esa caca reflexiva o medio colgada que en realidad no le gusta a nadie. Igual a nadie le gustan los cuentos de todas maneras. Joker dicta cualquier cosa y Otelo escribe entonces, para terminar de una vez y ponerse a jugar. Funk se rie y les dice nerds. El Gordo Mentiroso pretende interés y Camy se mantiene ofuscada, nadie la llamó todavía.

Por cierto, no tengo absolutamente nada contra ellos, pero no, no soy gay. Sólo para que se saquen la duda.

26.5.08

un post en el blog

entonces me siento a escribir, y no sale nada.

"Che, ¿tu blog murió?" me preguntan, y yo les digo que no, pero no me sale nada. Por ahí no estoy inspirado, o por ahí estoy haciendo algo mal.

Entonces cambio de marca de galletitas para el desayuno, y en vez de café solo, lo empiezo a tomar con azucar. Pero es lo mismo, a la tarde no me dan ganas de seguir lo que empecé, o escribo dos líneas y las borro.

Entonces cambio de música, siempre cambio de música. Porque el jazz me rompió las bolas, porque Sigur Rós me lleva siempre al mismo punto, porque Radiohead me desconcetra, porque Lou Reed me da ganas de meter un travesti en el cuento. Al final, termino escribiendo en silencio, aunque siempre hay alguien viendo tele cerca y me llega el ruido, así que pongo música para tapar, pero el jazz me rompió las bolas y Radiohead me desconcentra.

Entonces cierro la puerta y me siento derecho, suspiro fuerte y digo "bueh", empiezo a tirar palabras y las borro, de vez en cuando queda algo.

Después me pongo a pensar en otro cuento que podría empezar, porque seamos sinceros, esto de Ekaterina es una mierda... no porque sea infantil, todo bien con lo infantil, pero el mensaje que quiero dejar ya está re quemado, es el de Alicia, el del Laberinto del Fauno, el de MirrorMask, el de Final Fantasy T.A.

Después le voy a terminar pidiendo perdón a Ekaterina por lo que dije, lo dije sin pensar, sos un buen cuento, mirá cuando hagamos la película, la banda sonora la va a hacer Keane, yo me encargo, también me encargo de que a Ekaterina NO la interprete Dakota Fanning.

Entonces me cacheteo, me pasa siempre, desvarío, volvé al tema gil, estás tratando de escribir, en Dakota Fanning pensá en otro momento. De nuevo empiezo un poco, no hay un tren de ideas, no planeo que va a pasar después, sólo me concentro en el párrafo. Suena el teléfono, la puta madre, voy, atiendo, obviamente no era para mí, ¿quién me va a llamar? vuelvo y releo la media oración y no tiene sentido... ¿qué era lo que iba a escribir? ya me olvidé.

Mensaje de texto mientras escribo, suena tan fuerte que es difícil de ignorarlo, lo respondo y trato de regresar a la línea de pensamientos, pero ahora me intriga la respuesta al mensaje, además ya se me fue todo de la cabeza, de nuevo.

Después hago un punto y aparte y me quedo mirando para el costado, para la ventana, no es que quiera ver por la ventana o algo así, es que de ahí viene la luz y mi mirada va para allá instintivamente, y en vez de pensar cómo seguir la historia, lo único que hace mi cerebro es decir "¿qué puedo escribir?... ¿qué puedo escribir?... ¿qué puedo escribir?"

Miro para el otro costado, respiro hondo de nuevo... ¿qué puedo escribir? empiezo a pensar ¿quién va a leer esto? pero antes que pueda ponerme a pensar, entra mi madre a decirme que haga algo o algo así, le digo que sí sin prestarle atención y cierro la puerta. Al pedo en realidad, porque no escribo nada después de hacerlo.

Me estiro, bostezo, siempre duermo tan poco, pero para mí es imposible dormir la siesta, acostarme temprano tampoco es una posibilidad... cachetada. ¡A escribir!

Usualmente termino el párrafo y cierro todo con un apagado "ya fuee", y por unos días no abro el archivo

y veo el link a mi blog en mi firma del foro y entro al blog, qué inactivo que está, pero ¿qué puedo escribir?

Voy a hacer una entrada sobre un post en el blog. Sobre cómo hago para escribir una entrada, así tipo como en Adaptation, la de Charlie Kaufman. Me siento y me pongo a escribir, y me pasan todas las cosas, suena el teléfono, me llega un mensaje, entra mi vieja y Radiohead me desconcentra.

Edición 1: aprieto el botón "publicar entrada" sin releerlo, una vez que está posteado lo releo y encuentro errores de tipeo que no deberían estar ahí, entonces hago la primera edición.

17.5.08

Insectos

Publicado en Art In The Crackhouse el 2do de Enero, lo republico acá para darle un poco de vida mientras termino de escribir lo que empecé

Salió con su cámara como todos los días. El parque le daba la bienvenida una vez más con un clima perfecto, el cielo estaba despejado, el día era cálido y el viento soplaba suavemente. Se agachó y revisó cautelosamente el césped, apartó algunas plantas con las manos en busca de algún espécimen. Avanzó lentamente, un hormiguero llamó su atención, pero no era nada nuevo, había fotografiado muchos antes. A pocos centímetros del hormiguero vio un escarabajo rojo paseando tranquilamente, sus alas sobresalían ligeramente de su tórax y su cabeza estaba decorada por un majestuoso cuerno.

Preparó su cámara, enfocó cuidadosamente al insecto, esperando que refleje el sol con su armadura escarlata. Cuando encontró la toma perfecta, presionó el botón para disparar, pero una sombra pasó por instante en frente de ella. Cuando miró nuevamente, el hermoso insecto ya no estaba ahi. Se irguió y tomó asiento en un banco cercano, observando la fotografía que había tomado. Una abeja se posó en su brazo, la espantó con cuidado de no herirla. La pantalla de su cámara mostraba un pájaro negro, atrapando al escarabajo con unas zarpas que parecían detalladas estructuras de madera. Su plumaje reflejaba un color azulino y sus ojos no expresaban nada, y a la vez decían miles de cosas.

Los minutos pasaron y ella se perdió en la pequeña pantalla de su cámara. Usualmente se hubiese enfurecido, como amante de los insectos el ataque al escarabajo le hubiese parecido atroz. Pero había algo en esa foto,el borrón de movimiento, el ave zurcando el plano como un relámpago oscuro, la perfecta atrapada a su víctima. Presionó el botón de su cámara para volver a ver sus fotos anteriores. Sus queridos y preciosos bichos capturados en su hábitat, las adorables antenas, la estructura tan intrincada, su inquebrantable voluntad de realizar día a día la labor necesaria para sobrevivir. Luego volvió a la espectacular captura del ave de presa, al ver esa imágen, todos sus trabajos anteriores se volvieron carentes, insípidos, aburridos. De sus quince años de vida, había dedicado los últimos seis o siete a los insectos, le fascinaban. Pero esa foto era lo mejor que había sacado, y quería más.

Sacó de su bolsillo su teléfono celular. Su plan era alejarse un poco de la civilización y buscar más animales salvajes en acción. Revisó sus contactos para ver quién la acompañaría en su aventura. Llegó al final de la lista sin encontrar a nadie con quien realmente tuviera ganas de compartir el momento, así que decidió ir sola, le escribió un mensaje de texto a su madre: "m qedo a comer d clara. bsos".

Fue a la terminal de colectivos a decidir a dónde quería ir y averiguar como hacerlo. Decidió ir a la zona rural al sur, estaba a solo una hora en colectivo y esperaba encontrar algo interesante. Se sentó en el colectivo y echó su cabeza hacia atrás. Empezó a imaginar las fotos que sacaría ese día, un zorro escurriéndose entre la maleza, una bandada gigante de patos haciéndo formas increíbles en el cielo, los vanos intentos de un mono intentando comer de un panal de abejas. Dejó que su imaginación vagara y eventualmente se encontraba en una galería de arte, donde sus fotografías eran expuestas y ella se reia minetras recibía halagos de tanta gente. Su sueño diurno fue interrumpido por la aguda melodía proveniente de su teléfono. "OK" había respondido su madre.Finalmente llegó a una zona menos urbanizada, le pareció un buen lugar para bajar del colectivo.

Empezó a caminar por unos pastizales abandonados, con su cámara preparada. Una abeja se posó en su brazo, la golpeó despacio con un dedo para que se vaya. Avanzó prestando atención a los detalles, esperando que algo apareciera, que algo se moviera. Divisó a lo lejos un animalito marrón y se acercó mientras encendía su cámara. Era un pequeño topo que se asomaba de su madriguera. Se acercó lentamente y consiguió enfocarlo bien, pero esperaba que hiciera algo antes de disparar. El topo miró a los costados y se adentró en su hoyo. Sin haber tenido la posibilidad de fotografiarlo, maldijo para sus adentros y se sentó en el suelo esperando a que vuelva a salir. Pero pasaron varios minutos y no hubo noticias del mundo subterráneo. Se levantó y siguió adelante.

Encontró una especie de pequeño pantano, mientras se acercaba vio un sapo bastante grande que de un rápido movimiento extendió su lengua para atrapar a un insecto cercano. Esa era la toma que buscaba. Se acercó un poco al sapo y se arrodilló, activó el zoom de su cámara, pero el foco no era bueno y decidió acercarse un poco. Lo contempló mientras reposaba en una hoja. En la pantalla comenzó a titilar la señal de "batería baja". No se asustó, la aparición de la señal dejaba suficiente tiempo como para preocuparse. Mientras se concentró en la señal, el sapo volvió a estirar su lengua más rápido de lo que ella pudo reaccionar, realizó un movimiento rápido que asustó al animal y éste saltó pesadamente a la lodosa agua, salpicándola. Maldijo, esta vez sonoramente.

Se alejó malhumorada del pequeño pantano y se dirigió hacia donde creyó ver agua. Una abeja se posó en su brazo y ella la aplastó violentamente con su mano. El dolor que sintió era comparable a que alguien estuviera sosteniendo una brasa ardiente sobre su hombro y esta penetrara su piel y llegara a su carne. Gritó con fuerza y removió rápidamente el cuerpo muerto del insecto de su brazo, que empezó a sangrar levemente. Se le escaparon algunas lágrimas. Se sentó en el suelo y apretó su brazo con fuerza unos minutos. Después de un rato se levantó y siguió su camino. Llegó a un lago lleno de patos, nadando tranquilamente, graznando y sobrevolando el área. Preparó su cámara emocionada y empezó a buscar una buena toma.

Estuvo un minuto con la cámara en alto, enfoncando diferentes lugares, tratando de sacar algo en movimiento. Decidió ayudar al entorno levantando una gran piedra del suelo, arrojándola al lago. Los patos empezaron a volar en todas las direcciones, levantó su cámara, presionó el botón, pero el flash no se disparó. Mientras la lente se retraía, en la pantalla salió un mensaje diciendo "Battery low" y luego se apagó. Maldijo sonoramente una vez mas.

Empezó a caminar el camino de regreso. Vio una abeja en el suelo, la pisó con ganas.

2.4.08

Una noche en la plaza

Lucas y su hermano menor Ariel salían de un recital de una banda local, no fue nada impresionante, ni tampoco algo que no les haya gustado, fue un simple concierto. Lucas compró unos sándwiches en un mercado y pararon en una plaza camino a su casa para comer, era tarde en la noche y el lugar estaba desierto, se sentaron en un banco y hablaron de cosas sin importancia.

Después de un tiempo, Ariel dijo
- Mirá la hora, tengo que volver a casa, mañana me tengo que levantar temprano.
- Si mañana es sábado, ¿para qué te tenés que levantar?
- Le dije a Nahuel que lo iba a acompañar al centro, se quería comprar unas camisas.
- Siempre te andás moviendo por este chico Nahuel, ¿qué favores te hizo él a vos últimamente?
- Ninguno. Yo no le pido nada. Pero somos amigos.
- Así la gente se va a aprovechar de vos, ya tenés 17 años, Ariel, date cuenta que si vos le hacés favores a la gente y nadie hace nada por vos sos un boludo.
- Claro, porque vos lo sabés todo. Siempre me estás diciendo qué hacer, ¿no soy un boludo si te escucho a vos?
- No, porque yo soy más inteligente, serías un boludo si no me escucharas.

Ariel no respondió, le dio otra mordida a su sándwich. Le dijo a su hermano,

- Uh, tiene una aceituna, ¿la querés?
- Damela

Lucas tiró la aceituna que le dio su hermano al aire y la atrapó con su boca a la caida, apenas lo hizo, intentó toser, se estaba atragantando.

- Ariel... ayudame... me estoy ahogando – Se esforzaba para decir.
- ¿Y qué voy a hacer yo? Soy un boludo – Le respondió su hermano
- Dale estúp-... parate atrás mío y apretame el estómago... – Intentó decir algo más pero la toz se lo impidió.
- No sé, che, salvarte la vida es un favor grande, es mucho lo que me pedís, no hiciste mucho por mí últimamente como para que te haga un favor así.
Lucas parecía dispuesto a insultarlo de pies a cabeza, pero no le alcanzaba el aire.
- Bueno, Lucas, ¿qué querés que te diga?, fuiste un mal hermano, siempre tan egoista, creyéndote generoso con actos menores. No, la verdad no te ganaste que te salve, perdoname.
Ariel se puso de pie y se metió las manos en los bolsillos.
- Ah, y gracias por el sándwich.
Se alejó tranquilamente mientras su hermano se atragantaba en silencio hasta que dejó de retorcerse y quedó tendido sobre el banco de la oscura y desierta plaza.

31.3.08

El final del principio

Entró por la puerta trasera, vieja y oxidada, tironeó con fuerza para abrirla y parecía que se iba a soltar de sus bisagras en cualquier momento. El chirrido repentino despertó la atención de algunos vagabundos, que lo miraron brevemente y luego volvieron a dormir.

Adentro había otros vagos refugiándose, seguramente víctimas como él del segundo crack, tapándose con sus sacos Vicci y recostando su cabeza sobre sus zapatos VanCoste, sus caras estaban tapadas por barbas de semanas o meses. Frenó de golpe, rascó su barba que estaba ganando densidad, se sacó sus carísimos zapatos VanCoste y su saco Vicci y los dejó en el suelo, arrancó su reloj Hohnel y se sacó su anillo de oro, no iba a ser como esos vagabundos, aferrandose a sus posesiones que ya no tenían valor.

Subió los escalones lentamente, mientras lo hacía se sacó las medias, así sus pies desnudos sentían la textura y la mugre de los escalones. Se desaflojó su corbata, ese inútil pedazo de tela que colgaba inútilmente de su cuello, siempre había odiado las corbatas. Mientras subía pensaba cómo todo podría haber sido diferente, cómo a él le podría haber tocado una vida exitosa si hubiese vivido en otra época.

Los puños de la camisa le molestaban, así que tironeó, arrancándose los botones. La experiencia se sintió tan liberadora que decidió arrancar todos los botones de la camisa, exponiendo su pecho velludo. Seguía ascendiendo lentamente, escalón por escalón, pensándo en todo lo que había perdido, en todo lo que fue suyo y él no aprovechó cuando tuvo la oportunidad. Tiró la camisa al suelo.

Llegó a la terraza, estaba desierta. Arrancó su cinturón y miro su inscripción en la hebilla, “Maloy and Davura”, toda su ropa era de diseñadores reconocidos, aquella vez que tuvo dinero decidió gastarlo en vestimenta... en nombres. Sus pantalones Fillip cayeron al no tener sustento. Caminó hasta el borde de la terraza y se quitó su última prenda, subió a la baranda de concreto, contemplando el largo viaje hacia abajo. Extendió sus brazos y cerró sus ojos.

No pudo hacerlo, no tuvo el valor. Abrió sus ojos y miró hacia abajo, algunos vagabundos lo estaban mirando. Bajó de la baranda y se puso sus calzones Girard Cousteau, se puso sus pantalones y los abrochó con su cinturón, bajó la escalera donde recuperó su camisa y su corbata, se puso sus medias, sus zapatos, su saco y salió del edificio.

Antes de irse, uno de los vagos le dijo “Oiga, amigo, si no tiene a dónde ir puede quedarse aquí, tenemos comida y techo.”

“Gracias” respondió él, “Es verdad que ya no tengo a dónde ir, pero no podría quedarme acá, es muy humillante lo que me vieron hacer.”
“¿Cree que es usted el primero en hacerlo?¿Por qué cree que vivimos debajo de un edificio tan alto? Y ¿Por qué cree que nuestras camisas tampoco tienen botones?”


El cuento es para ella que tiene la voluntad de seguir adelante... o mejor dicho, la falta de voluntad para dejar de hacerlo =P

27.3.08

Pérdidas. Parte III

Ahí estaba yo, con mi visión tan reducida, peleando en un pasillo por el cual deberíamos estar corriendo. Donde sea que miraras había demonios y waltzers, peleando contra cada vez menos alumnos, y la maldita Condena que nos estaba dando una buena paliza.

Volteé al escuchar un grito ahogado, el director estaba en el suelo, siendo agarrado de las piernas y morido por... ¡Los mismos alumnos del Garden! Esos que habían muerto en combate, ahora volvían como muertos vivientes para el equipo contrario. Obra de Jörn, si tuviera que adivinar.

"¡Cid!¡Mawreen!" Gritó él, pero nosotros dos estábamos tiesos, paralizados por el miedo, estaba siendo horriblemente mordido y nunca podríamos llevarlo a una iglesia a tiempo, no ibamos a poder evitar que se transformara en otro maldito zombie. Zombies... era lo único que faltaba, ¿No? Podrían haber entrado tres wyrms de hielo gigantes y no me hubiese sorprendido.

Cid miró a los alumnos, no lucían como zombies, lucían como personas, personas gravemente heridas, pero personas. Llevaban el uniforme del Garden y en sus ojos había humanidad. Era incluso más horrible que ver a un zombie putrefacto y sarnoso. Cid cerró sus ojos un momento y levantó su revólver, respiró hondo y apuntó hacia uno de ellos... ¡Bam!, le voló la cabeza... lentamente apuntó a otro... ¡Bam!... no fue algo rápido, ni algo agradable, Cid lentamente volvía a matar a todos nuestros compañeros muertos, una lágrima caía por su mejilla cada vez que disparaba. En un minuto, todos los alumnos estaban tirados en el suelo, destruídos. El director, con mucha dificultad, se puso de pie.


"Cid... sabés lo que te voy a pedir..." Dijo el director, mirándolo fijamente a los ojos.

"¡No! ¡Jamás! ¡No voy a hacer eso!" Gritó él, tan fuerte que supuse que Shift y Jörn estarían mirándolo como una telenovela.

"Aceptalo... ya no tengo salvación." Dijo suavemente, luego tosió con fuerza.

"No diga eso, señor, lo llevaremos a una iglesia y lo recuperarán, ya verá." Se mentía Cid.

"Cid... nunca llegaríamos, lo sabés... empiezo a perderme, una nueva conciencia va a apoderarse de mí..." Exclamó el director más asustado.

"Combátala, usted puede..." Cid ya no sabía que decir.

"Cid Summer. Quiero morir siendo yo mismo y no un maldito muerto viviente, ya le avisé a los otros Gardens de la invasión, mi Garden no existe, mi rol terminó, al menos quiero morir con algo de dignidad."

Ambos quedaron en silencio, finalmente Cid dijo

"¿Dónde?"

"Solamente funciona si es en la cabeza, lo sabés" Dijo el director.

Levantó su arma, su mano temblaba tanto que temía que iba a disparar a cualquier lado. Lloraba, y yo también lo hacía.

"Cid, Mawreen, su misión es más grande, no sólo tienen que llevarles la nave, ustedes dos tienen que sobrevivir y ayudar a terminar esto, tienen el potencial. Ha sido un placer trabajar con ustedes, aunque haya sido por tan poco tiempo."

"Ha sido un placer trabajar con usted, director." Dijo Cid entre sollozos, su mano dejó de temblar, apuntó con firmeza a su frente y disparó. Nos quedamos en silencio, aunque fue sólo un instante, todavía estábamos en guerra, y un grito llamó nuestra atención.

Titus estaba en el suelo, Shift había adoptado su forma de mantis gigante y estaba apuñalando al monje repetidamente con sus enormes guadañas. Con cada impacto Titus pegaba un grito que no creo que alguna vez olvide, era horrible. Xheilie abandonó su combate con Condena de inmediato y lanzó una flecha hacia el insecto gigante, impactó directo en su cuello y retrocedió, ella y Botto fueron hacia Titus, dejándo a Condena contra Flatley y algunos inexpertos alumnos.

Titus estaba muerto, definitivamente, cuando ellos dos se acercaron no tuvieron que fijarse dos veces para saberlo. Xheilie cayó de rodillas, parecía devastada. Botto en cambió rugió algo intraducible, pero parecía provenir del mismo infierno, y se abalanzó contra la mantis gigante, sin su garrote, solo golpeándola con sus enormes puños, el insecto cayó y Botto siguió golpeando, retomó la forma de mujer, la forma de Shift, pero eso no detuvo al salvaje Seeq que había perdido a su mejor amigo, siguió golpeando a la maldita y me encantó verla sangrar.

Estuve algunos segundos alucinada con eso, hasta que decidí mirar que pasaba con Condena. Para mi horror, vi a Flatley en el suelo sangrando, junto a cinco alumnos en el mismo estado, pero no ví a la perra. Volteé.

Lo primero que ví fue un demonio horrible, agarró mi mano derecha y tironeó, haciéndome soltar mi mazo, hice fuerza para soltarme, pero no pude, era más fuerte. Entonces sucedió...

Fue Condena, fue esa maldita perra, fue la maldita mujer monstruo con sus espadas gigantes. Pasó volando como un rayo y fue tan rápido que ni lo sentí, ¡zas!, pero al segundo empezó a brotar sangre y el dolor era incomparable. Empecé a gritar mientras veía dónde terminaba mi brazo y empezaba una cascada de sangre. Y ese maldito demonio tenía el resto de mi brazo y comenzó a devorarlo, caí al suelo, no tenía mucho más que hacer, era demasiado dolor.

Me senté en el suelo e intenté no ser presa del pánico, lo que parecía una tarea imposible. Conté hasta 10... hasta 20... hasta 50... hasta 100. Apreté con fuerza el muñón y concentrándome todo lo que pude, lancé sobre ese punto el mejor hechizo de curación que logré. Al menos el muñón dejó de sangrar. Retomé aire y me puse de pie, conjuré un hechizo sagrado para liquidar al demonio y recuperar mi brazo, pero estaba arruinado, el demonio había comido bien... era inútil.

Perra, iba a conjurarle un artema, no me importaba quién estuviera cerca,miré hacia su dirección. Cid estaba tumbado en el suelo, tenía unas heridas importantes, lo mismo con Xheilie. Condena se dirigía a Botto, quien estaba empezando a cansarse de golpear a Shift. En cuanto vi mi oportunidad, canalicé toda mi energía en un último artema, fue una hermosa explosión de luz blanca.

Cuando la luz desapareció, Condena parecía molesta, y algo adolorida, miró hacia los costados, Cid estaba de pie, Xheilie había desaparecido, Condena me miró, pero no hizo nada, solo sonreía. “¡Mawreen, abajo!” Gritó Cid entonces, y no dudé en hacerle caso, me tiré al suelo mientras una bola de fuego enorme pasaba sobre mi cabeza, el hechizo siguió su curso, Condena lo esquivó con facilidad e impactó en una pared lejana. Cid tiró tres tiros que pasaron muy cerca mio, al maldito mago Jörn que al parecer estaba atrás mio. Corrió hacia esa dirección.

Condena se acercaba a mí, ya no sonreía, yo estaba exhausta, no podía hacer más nada, estaba a su merced. Se acercaba caminando muy tranquila la perra, creo que nunca me alegró nada en la vida como ver como una katana salía de entre sus pechos, luego se retraía y volvía a apuñalarla en el abdomen. Xheilie saltó entonces de atrás y la agarró de los brazos, pateó la espada, que se insertó más adentro. Soltó sus brazos y agarró su cabeza, ¡Krack!, su cuello se quebró con un ruido hermoso, su cabeza terminó mirando sus espaldas, mirando la terrible y letal ira de la viera directamente a los ojos.

Xheilie saltó hacia mí, esa fue mi primera impresión, en realidad se dirigía hacia el mago. Cuando pasó por al lado mio pude ver el frenesí en sus ojos, ya no era ella misma. Cuando me di vuelta, Xheilie ya tenía al mago contra el suelo, mientras Cid vaciaba su cargador en él, luego recargó y volvió a vaciar el cargador, recargó nuevamente, pero miró al mago deshecho en el suelo y guardó su arma.

Algunos alumnos se acercaron a nosotros, todavía quedaban muchos demonios. Cid tenía muchos cortes y Xheilie estocadas importantes, ambos parecían estar en estado crítico. Los alumnos también estaban heridos.

Nos disponíamos a seguir adelante, estábamos cerca del hangar, Botto estaba más adelante sobre Shift, que no respondía, una oleada de demonios vino de esa dirección, Botto peleó pero no pudo sacárselos de encima, se movía torpemente para todos lados, retrocedió hasta apoyarse contra la baranda, la cual cedió ante su peso y cayó junto con todos los demonios. Fue una larga caida, y no nos atrevimos a mirar, pero el sonido fue horrible.

Avanzamos lentamente, todos carecían de movilidad y yo de energías para curarlos, cuando pasamos por al lado de Condena, Cid disparó cuatro veces a su cuerpo inerte, hizo lo mismo cuando pasamos por al lado de Shift.

Llegamos al hangar, subimos a esa nave que ustedes vieron, Cid dijo que tenía una idea de cómo pilotear, despegamos sin problemas. En la nave estábamos Cid, Xheilie, cinco alumnos y Glorfindel, o, mejor dicho, el cuerpo de Glorfindel que estaba muerto hace un tiempo ya, pero lo encontré en el camino y pensé que por lo menos podría tener un entierro digno.

No todo termina ahí, nos encontrábamos nosotros tres en la cabina y los alumnos entraron algo raros... a Cid no le costó darse cuenta de lo que sucedía y esta vez no lo dudó antes de ponerle un balazo en la cabeza a cada uno de ellos. Su mano temblaba, su ropa y el suelo estaban cubiertos de sangre... Xheilie se movía muy poco, había perdido demasiada sangre y creo que los dos tenían órganos dañados, Cid se desmayó al volante y la nave impactó contra el suelo, fue ahí cuando ustedes nos encontraron. Nos cargaron a mí y a Xheilie y nos llevaron afuera de la nave. Luego salieron Riogo y Steiner de la cabina, sin Cid, dijeron que se quedó sólo, con el revólver listo por si pasaba algo.

Bang. Todos sabíamos qué había pasado, pero nadie sabía por qué. Tal vez Cid sabía que sus heridas estaban muy mal y, al igual que Xheilie, no ibamos a poder salvarlo. Tal vez no pudo soportar la culpa por haber tenido que acabar con el director y todos esos alumnos. Tal vez se sintió culpable por confiar en Shift, que había tomado la forma de Eve... Eve... me gusta pensar que se reunió con ella ahora... estoy seguro que ellos están arriba mirando. Cid e Eve, felices juntos, alentándonos, con Botto y Titus, que combaten eternamente, con Glorfindel y Cherubael, que se están divirtiendo juntos una vez más, con Xheilie y Flatley, con el sabio Argos, con Charlie Lynwood, el director Morrow, el director Robbins, todos los alumnos y graduados de Theed y Xhy que cayeron en las invasiones. Quiero creer que todos ellos confían en que terminemos esa misión, que su muerte no haya sido en vano, que todas estas pérdidas valgan algo, que cuando un día nosotros lleguemos a ese reino, lo hagamos sonrientes y victoriosos y podamos decirles que fue gracias a ellos que el imperio cayó, que los demonios volvieron de donde salieron y la tierra está en paz una vez más.


POR FAVOR INSERTE EL CD 3 y PRESIONE "X"

19.3.08

Escape a Kinópolis

II. Tus ojos se abren (parte 2)

Caminaron un poco hasta llegar hacia una estructura extraña, la arquitectura de las cosas era inusual, Ekaterina no había visto antes algo similar, parecía un aparato un poco más grande que ellos, hecho de madera, metal y… algo más. Algo que ella sólo pudo relacionar con el exoesqueleto de un escarabajo.

Ekaterina se dio cuenta que el extraño aparato era un ascensor, porque se encontraba sobre el precipicio y tenía lo que podría ser una puerta, pero no veía ningún botón, revisó el artefacto buscando cómo llamarlo. “¿Qué estás bucando, niña?” Dijo Jiggy, mientras le daba a la puerta del ascensor un fuerte golpe, se encendió una luz roja arriba.

“Estoy confundida, Jiggy… ¿es esto un sueño?” Preguntó todavía algo pasmada, Jiggy, en respuesta, pellizco su hombro “¡Ay!”
“Sentiste eso, niña?” Dijo con una sonrisa.
“¡Sí, lo sentí, no lo hagas de nuevo!” Respondió molesta mientras se sobaba el brazo, “Pero, ¿Dónde estamos? Quiero saber todo sobre este lugar ¿Por qué siempre es de día?¿Nunca oscurece?”
“Desafortunadamente, querida, solo tengo una boca y tengo tiempo para contestar una sola pregunta al tiempo que tu haces treinta. Si tuviera treinta bocas te prometo que te contestaría todas tu preguntas en un instante.”
Ekaterina rió, “¿Por qué siempre es de día?”
“Simple, hay dos estrellas… como tu sol. Polly nos ilumina las primeras diez horas del día, y Jean las otras diez. Pero sí que oscurece, este planeta tan pequeño tiene siete lunas, los eclipses son muy frecuentes.”

Miró hacia las tierras de Kinópolis, aunque estaban muy alto y era muy levemente, podía ver la curvatura del planeta.
“¿Y las otras cuatro horas?” Preguntó ella
“¿Qué otras cuatro horas?”
“Polly ilumina diez horas, Jean otras diez… ¿no es de noche las otras cuatro horas del día?”
“Aquí los días sólo tienen veinte horas, pero la gente duerme mucho menos.”
“Entonces ¿Cómo se mide el paso del tiempo acá en comparación a mi hogar? ¿Si estoy aquí ocho horas, cuánto tiempo pasará en el otro mundo?”
“Eso te lo tengo que explicar cuando tengamos más tiempo, es complicado…” La puerta del ascensor se abrió de repente con un chillido horrible. Entraron. Adentro el ascensor era muy grande, tenía paredes de cristal que permitían contemplar el paisaje. Pero eso no fue lo primero en soprender a Ekaterina. El operador del ascensor era un cerdo. A simple vista parecía un hombre bajito y regordete, pero no lo era, su nariz, sus orejas, sus ojos, el hombre era un cerdito con bigotes y unas vestimentas extrañas. Tenía una espada enfundada en su cinturón.

“¡Jiggy!” Exclamó el cerdo en cuanto ellos entraron.
“Hola Feets, ¿cómo has estado?” Respondió Jiggy alegremente
“Oh, como siempre, nunca hay grandes cambios.” Dijo mientras bajaba la palanca junto a él. Las puertas se cerraron y el ascensor empezó a descender, pero no lo hacía a una velocidad constante, sino que temblaba y se movía irregularmente.
“¿Quién es la niña, Jiggy? ¿Otra protegida?” Preguntó el puerquito.
“Por cierto. Su nombre es Ekaterina, viene de Bélica, pasaba un mal rato allá”
“Ah, veo, veo” Extendió su mano hacia ella, Ekaterina la estrechó, “Es un honor, Ekaterina, mi nombre es Woolworth Feets.” Ella le respondió con una sonrisa, el cerdito le parecía adorable “Es una niña muy bonita, Jiggy, sólo mira ese pelo tan enrulado que tiene, es más negro que la noche, sin embargo brilla tanto como Polly.” Ella se rió, algo avergonzada. “Lástima su extraña vestimenta, ¿Por qué tiene conejos en los pies? ¿Es alguna tradición en Bélica?” Preguntó Feets.
“Es un pijama, es la ropa que uso para dormir, y lo que llevo en los pies se llaman pantuflas, no son conejos de verdad.” Le dijo ella mientras lo miraba fijamente a los ojos. Pero el cerdo no respondió, se quedó mirandola fijamente. “¿Pasa algo?”
“Estoy tratando de comparar qué es más azul, tus ojos o el cielo.” Dijo lentamente
“¡Eres un adulador, Feets!” Rio ella, Jiggy también soltó una carcajada.

Una luz se encendió en un panel cercano al cerdito. “Ups. Lo siento Jiggy, voy a tener que detenerme en el Puerto de las Nubes” Dijo.
“Qué desafortunado, no estoy de humor para esos snobs” dijo Jiggy.
“Nunca lo estás, amigo mío” Replicó Feets, luego movió la palanca para detener el ascensor y abrió la puerta.

Entraron tres hombres de edad avanzada, los tres vestidos con túnicas delicadas de aspecto caro, llevaban adornos de oro y armas semi ocultas. Todos llevaban barbas blancas y pelo corto. Cuando vieron a Jiggy lo saludaron cálidamente.

"Señor Flunkast, qué placer verlo de nuevo." Dijo uno, el de barba más larga.
"Neron, Conroy, Packard, el placer es todo mío," Respondió aduladoramente, aunque se escuchaba un tono de cinismo en su voz.
"No te vemos muy frecuentemente, Jigorio, que no me entere que te estás escondiendo de nosotros," Bromeó otro, el más calvo.
"Cualquier hombre sensato lo haría, Conroy." Los tres hombres se rieron cortezmente.
"Y, ¿Quién es la niña, Jigorio?¿Otra protegida?" Preguntó el otro, el que tenía más adornos de oro.
"Por cierto. Conozcan a la señorita Ekaterina Dragović, proveniente de Bélica." Dijo él.
"Veo que te decidiste a dejar atrás tus errores del pasado y hacerte de otra protegida. Me alegro por tí, Jigorio, era hora de que siguieras adelante." Le dijo el de barba más larga, al oir esto Ekaterina se sorprendió, pero no dijo nada. "Es una niña muy bonita."
"Lástima por su vestimenta," Dijo el más calvo "En mi casa de verano tengo algunas túnicas preciosas que a mi Monalina ya no le gustan, creo que le quedarían bien."
"Oh, Conroy, no es una niña desamparada a quien le regalas la ropa vieja," Dijo el que tenía más adornos, "Pasa por la sastería de Rufo cuando quieras, deja que tome sus medidas y le haga un vestido como sólo Rufo puede hacer, dile que lo ponga a mi cuenta."
"Eso es muy generoso, Packard, pero lo que ella necesita ahora no es un vestido." Respondió Jiggy. Ekaterina suspiró, ella sí quería un vestido.
"Y dile a Rufo que agregue unos zapatos, no es muy placentera la imagen de la niña pisoteando esos conejitos." Dijo el de barba más larga
"¡Que son pantuflas!" Respondió Ekaterina. El ascensor se detuvo y la puerta se abrió de nuevo.

Entraron cuatro seres que Ekaterina solo pudo asociar con ogros, eran realmente feos, con colmillos que salían de sus grandes bocas, cubiertos con armaduras oxidadas, llevaban enfundadas grandes espadas en sus espaldas.
"¡Ar'Khan, Flunkast!" Dijo el más feo con una sonrisa.
"Ar'Khan, Trosk, ¿Cómo estan?" Respondió con sinceridad, Ekaterina notó que a Jiggy le agradaban más los ogros que los aristócratas.
"Nosotros no saber de Flunkast en un tiempo, ¿estuvo de vacaciones?" Preguntó el de colmillos más largos.
"No, Vottoh, estuve ocupándome de algunos asuntos en el exterior, por eso no pude aparecer en ninguna de sus fiestas." Dijo él.
"Flunkast, ¿Quién ser niña? ¿Otra protegida?" Preguntó el de la armadura más oxidada.
"Lo es, Otoe'bu, su nombre es Ekaterina, viene de Bélica" Respondió nuevamente.
"Ser muy bonita, como la última protegida de Flunkast." Dijo mientras le dedicaba una sonrisa a Ekaterina de lo más desagradable, ella rió nerviosamente. "Otoe'bu sorprendido, creer que Flunkast no querer tener otra protegida después del horrible horrible destino de la anterior." Ekaterina miró a Jiggy sin palabras, pero él no la vió.
"Decidí... intentarlo de nuevo."
"A Tos'Koh gustarle pies de la niña. Tos'Koh recordar cuando pisó gatitos y quedarse pegados a sus pies ¿Eso parale a niña?" Dijo el de la espada más grande.
"N-No," Respondió ella nerviosamente, "No son conejos de verdad... son..." Jiggy la interrumpió
"No lo entenderás, Tos'Koh, no lo intentes." Dijo Jiggy, la cara del ogro se entristeció por unos segundos.

"Jigorio, ¿Consideraste nuestra oferta de aceptarte en el Puerto de las Nubes? Con nuestra influencia podríamos hacerte miembro en un instante." Dijo uno de los hombres.
"Creeme, Neron, nada me haría más feliz que desperdiciar mi tiempo jugando al Mei y comparando el precio y tamaño de mis posesiones, pero creo que mi barba no es lo suficientemente blanca y espesa como para sentir que pertenezco. Además tengo trabajo que hacer." Respondió Jiggy con frialdad. Antes de que Neron pueda responder, lo interrumpió un ogro.
"Niña vestirse raro, ¿Flunkast querer que Vottoh fabrique armadura para niña?" Preguntó el de los colmillos más largos.
"Gracias, Vottoh, pero no necesita una armadura por ahora." Respondió Jiggy. Ekaterina suspiró nuevamente, le encantaría tener una de esas armaduras.

Los tres hombres, los cuatro ogros, Jiggy y Feets hablaban bulliciosamente mientras Ekaterina miraba hacia afuera, estaban llegando al suelo, captó por el rabillo del ojo algo que se movía. Eran patas, el ascensor tenía enormes patas de araña, así se transportaba.

"Jiggy," Le dijo ella, "Todos ellos tienen armas... ¿Por qué?"
"Bueno, Kattie, los hombres como Packard las tienen porque son veteranos de guerra y no quieren que nadie les quite esa imágen. Los Lewrt son una raza guerrera, siempre estan preparados para algún altercado, y nuestro amigo Feets tiene que descender a Hivia, y sus habitantes suelen ser hostiles si se encuentran embriagados, lo que es bastante a menudo."
"¿Por qué tú no llevas ningún arma?" Preguntó Ekaterina, todos dentro del ascensor rieron, los hombres delicadamente, Feets con un ronquido y los ogros con fuertes carcajadas.
"Flunkast no necesitar armas, él poderoso" Respondió un ogro.

"Mi carrosa va a estar esperando abajo, Jigorio, ¿Quieres que los lleve al palacio?" Dijo uno de los hombres.
"No, gracias, Packard, no es mi primer destino," Respondió Jiggy.
"¿Flunkast ir para Ordill?¿Querer que Otoe'bu llevar?" Preguntó el ogro
"Gracias, pero tampoco voy para allá."

El ascensor llegó al suelo y la puerta se abrió. Los aristócratas salieron y se subieron a sus carrozas, los ogros salieron después, una especie de gusano gigante salió de la tierra y los cuatro Lewrts lo montaron como a un caballo, luego este zarpó a gran velocidad. Jiggy estrechó la mano de Feets.
"Buena suerte, amigo," Le dijo Jiggy.
"Sí, espero que esos malditos bichos no hayan tenido otra fiesta. Adiós, y suerte con tu trabajo." Bajaron del ascensor, el cual siguió descendiendo metiéndose abajo de la tierra. Luego Jiggy exclamó "Cómo odio estos malditos e interminables viajes en ascensor."

17.3.08

Escape a Kinópolis

II. Tus ojos se abren

Fueron pasando los días, los meses. Ekaterina pasaba la mayor parte de los días hablando con Jiggy Flunkast, contándole sus problemas, sus inseguridades, sus deseos de poder salir de su casa, ver el mundo exterior. Jiggy le contaba que el mundo exterior era un lugar frio y vacío, que allá afuera no había más que guerra y muerte.

A Ekaterina le gustaba recordar los libros que había leido y las películas que había visto en el cine. Narraba las historias y actuaban juntos algunas partes, a veces cambiando el final, dramatizando los finales felices a unos más morbosos y surrealistas.

También le encantaba cantar, aunque no sabía hacerlo. Desafinaba con mucho entusiasmo sus discos favoritos, The Beatles, Frank Sinatra, y un nuevo guitarrista de color que se llamaba Jimi Hendrix.

Durante el día, cuando compartía el tiempo con su familia, se encontraba más animada, aunque sus padres estaban muy estresados por la guerra, ella lograba mantener una sonrisa o al menos permanecer de buen humor.

“Qué está pasando allá afuera, Jiggy?” Le preguntó ella una noche, tendida en su cama “¿Por qué no pueden ser algunos países capitalistas y otros socialistas? ¿Tanto se odian que no aceptan ideologías diferentes?”
“Es complicado, querida” Respondió Jiggy bajando la cabeza, “No sabría por dónde empezar”
“Todos quieren conquistar el mundo,” Dijo ella, “Nadie se conforma con lo que tiene, todos quieren más… ¿Qué harán cuando por fin uno de los dos conquiste el mundo? ¿Cuál será su nueva meta? Me asusta pens—“ Su padre entró a su habitación, interrumpiéndola.

“Te escuché hablar, ¿Pasa algo?” Preguntó él
“No estaba hablando papá, te equivocas, debes haberte confundido con la radio.”
“Hija, podía escuchar tu voz, y estoy seguro que era tu voz, no me mientas.”
“¡Está bien, está bien, papá! Estaba actuando una escena de La Importancia de ser Ernesto… Sí, pero los hombres, a menudo, proponen matrimonio para practicar… Mi hermano Gerald lo hace, me lo dijeron mis amigas… ¡Qué maravillosos ojos azules tienes, Ernesto! Son tan, tan azules. Espero que siempre me mires así, en especial cuando haya otras personas presentes…” Ekaterina sonreía mientras miraba la cara de desconcierto de su padre
“¿Sabes lo que hacen con los actores? ¡Todos ellos son considerados subversivos!”
“Papá… ¿quién va a oirme?”
“No lo sé, pero prefiero no arriesgarme… además te escuché hablando, más allá de tu actuación, estabas hablando sola. Sé que te sientes sola, sin poder salir de casa y sin ver a tus amigas, pero tienes 14 años, estás un poco grandecita para tener amigos imaginarios.”
“¡No tengo amigos imaginarios! ¡Te equivocas!” Ekaterina se enfureció
“Nada de berrinches, nena, de ahora en adelante se acabaron las canciones y la actuación, trabajo muy duro para proteger a esta familia para que nos condenes a todos con tus caprichos.” Contestó con firmeza, y salió de la habitación.

Ekaterina se quedó tendida en la cama, con la cara enterrada en su almohada, respiraba agitadamente y sollozaba.
“¡Qué aguafiestas tienes por padre!” dijo Jiggy “No sabe que los subversivos son la crema y nata de esta sociedad. La sumisión está sobrevalorada.”
Ella no respondió, se quedó tendida en silencio.
“De todas maneras ya habíamos cantado todas las canciones, no te preocupes, ahora cantaremos más bajito para que no escuche”
No hubo respuesta.
“Ah ¿Ahora tu también crees que soy imaginario? ¿Solo un producto de tu mente? ¿O no me hablas por miedo a tu padre? ¿Me vas a dejar hablando solo, Kattie?”
Ella suspiró, pero no respondió.
“Si no me contestas, voy a tener que hacer algo al respecto…”
Slencio.

“Que así sea.” Jiggy tomó a Ekaterina del brazo y la puso de pié de un tirón, ella se resistió, sin hacer ningún ruido, pero Jiggy era más fuerte, la tironeó hasta enfrentarla con la pared. Sacó de su bolsillo una bolsa café y metió su mano adentro, sacó lo que parecía arena de adentro de la bolsa y la lanzó contra la pared, la cual se desmoronó. Pero del otro lado no estaba el comedor, como debería ser, sino que había una extensión de tierra, el suelo estaba cubierto de césped que parecía recién cortado, a lo lejos se divisaban paisajes hermosos y, lo más importante, del otro lado de la pared era de día.

Cuando cruzaron al otro lado, Ekaterina volteó para ver de dónde venían. Acababan de salir de un árbol gigante, adentro de un agujero en su tronco ella podía ver su habitación, y podía verse a ella misma durmiendo en su cama.

“Ese es sólo un señuelo, Kattie, un cuerpo utilizado para que tus padres puedan verte y creer que estás tranquilamente durmiendo. Pero no podrás despertar mientras estés aquí, a menos que vuelvas a entrar por este mismo agujero.” Cuando Jiggy terminó de hablar, el agujero se cerró como si se tratara de una gran boca, solo quedó un pequeño hollito del que salió un pequeño cilindro de metal con inscripciones. Decía “Ekaterina – Flunkast”. Jiggy lo tomó y se lo entregó a ella, “No pierdas la llave, sino regresar va a ponerse complicado”, ella tomó la llave (distraídamente, sin desvíar su atención del extraño, pero hermoso lugar) y la guardó en un bolsillo de su pijama, llevaba una camiseta y pantalones anchos, blancos con estampados de colores, y unas pantuflas con conejitos, miró hacia el horizonte. A lo lejos había un castillo gigante, pero no parecía una fortaleza medieval, era de formas más bien sutiles y muchas curvas, como un palacio árabe. Ellos estaban en una gran barranca, desde donde se podía ver varias aldeas que parecían tan pequeñas a esa distancia. El paisaje era muy verde, lleno de árboles. En el cielo se veían muchas lunas, contó cinco, algunas más grandes que otras, casi no había nubes.

“Es hermoso, ¿No?” Jiggy contemplaba el lugar con familiaridad
“¿Qué es esto? ¿Dónde estamos?” Preguntó estupefacta
“La tierra dónde siempre es de día, bienvenida a Kinópolis.”

10.3.08

Pérdidas. Parte II

Ya que no doy muchas descripciones de los personajes o las razas, decidí poner un dibujo del personaje que haya hecho en el pasado, o un personaje parecido que haya encontrado en google images.



Hmm... gracias por el café, lo necesitaba... bien, ¿por dónde iba? Ah, sí, recuperé el control. El director me había asignado esa misión y tenía que cumplirla. En frente mío, estaba esa gran caida sobre la cual flotaba Shift, quién no hacía nada en este momento. A mi izquierda, el capitán, Riogo, Razor, Cid y Steiner peleaban inútilmente contra Condena. A mi derecha, Titus y Argos intentaban que los demonios no nos ataquen de espaldas.

“¡Flatley!” Grité nuevamente y el burmeciano llegó a mi posición con un gran salto, “Tenemos que llegar a la enfermería y evacuar ahora, ayuda a los que estan abajo a subir.”, el dragonita asintió con la cabeza y se volvió a lanzar a la caida con su lanza.

Comuniqué ese mismo mensaje a los que peleaban sin éxito con Condena, e hice todo lo posible para cerrar la herida de Xheilie, la cual finalmente dejó de sangrar pero la dejó debilitada. Por el rabillo del ojo vi algo muy grande y volteé a ver qué era. Botto apareció de abajo, sostenido por Flatley y Smoky, en sus hombros llevaba a Shara Finx y a Glorfindel, ambos sin conocimiento.

Retrocedimos, Condena parecía estar divirtiéndose porque en ningún momento se puso a pelear seriamente. Shift parecía empezar a comprender nuestras intenciones y no dejaba de mirarme, yo sabía que al primer movimiento brusco iba a reaccionar.

Me quedaban tres hechizos cegadores, intenté tenerlos listos. Cid me miró y le asentí con la cabeza, le respondí. Disparó dos veces hacia Shift y luego cargó contra Condena, aproveché la distracción para conjurar ese hechizo tres veces en la maldita druida, mientras la katana de Cid torpemente mantenía distraída a las dos largas hojas de la destructora. “¡A la enfermería! ¡Ahora!” Grité yo, y todos obedecieron, menos Cid, que tras pocos segundos de combate, ya había recibido una importante estocada en el abdomen. Shift había sido cegada definitivamente, ya que ahora lanzaba poderosos conjuros para todos lados que hacían temblar toda la estructura.

Llegamos a la enfermería donde había cuatro sanadoras y los siete Lynwood, algunos vivos y otros muertos hace algún tiempo, pero por algún motivo, sin descomponerse. “Bien, Argos, sacanos de acá,” le dije, y sin dudarlo, empezó a abrir un portal. Escuchaba la risa de Condena que se acercaba.

“Yo la detengo,” dije, “ustedes vayan.”, el capitán parecía dispuesto a refutar “Ustedes son más importantes, tienen una misión.” Sin esperar a que me respondan, salí corriendo de la habitación mientras veía a Condena acercarse caminando. Nunca pude dominar el hechizo Artema, la quintesencia del daño sagrado, pero decidí intentarlo, levanté mis manos hacia ella y me respondió con una sonrisa. Una explosión enorme de luz blanca que destruyó las paredes del pasillo, todos los cimientos rotos volaron hacia mí. Ella los controlaba para que me atacaran con vida propia, no sabía que tenía esa habilidad.

Entonces debe haber visto el portal en la enfermería, porque los pedazos de estructura dejaron de atacarme y Condena corría ahora hacia adentro. Cuando llegó hacia mí, intentó cortarme a la mitad sin mirarme, si no me hubiese tirado al piso, lo hubiese logrado. Agarré su pie para detenerla pero me arrastró como si ni siquiera me hubiese notado. Todos los Lynwood y las curanderas habían entrado al portal, junto con los principales héroes, menos Argos quien se disponía a entrar mientras se acercaba Condena a gran velocidad. “¡Argos!” Grité, cuando volteó, la demonio estaba a punto de saltar al portal, Argos lo cerró inmediatamente haciendo que el monstruo impactara con fuerza contra la pared. Aprovechamos ese momento para correr fuera de la enfermería hacia los corredores.

El director tenía ahora una ametralladora enorme y disparaba con certeza a los demonios que se avecinaban. Condena saldría en cualquier momento del pasillo de donde habíamos salido nosotros y no estaría nada feliz por el escape de los Lynwood. Yo lo sabía, estas serían nuestras últimas acciones, nos agrupamos.

Argos era un humano, negro, su especialidad era la transportación; Flatley, un dragoon burmeciano, podía saltar varios metros; Cid Summer estaba herido, tenía su katana y su revólver siempre en alto; Xheilie, la sniper viera empezaba a recuperar fuerzas, llevaba con ella el cuerpo inmóvil del pequeño Glorfindel; Botto, el enorme Seeq tenía su garrote preparado junto a su amigo Titus, el monje Bangaa; se acercaron algunos alumnos y SeeDs sin nombre, no quedaban demonios, por lo menos no a la vista, sin embargo nadie tenía la sensación de comodidad que debería haber al ganar una batalla de estas magnitudes.

Nos preparamos para la segunda oleada que ya se podía oler.

“Necesito que hagas algo importante, Mawreen,” Dijo el director, me miró a los ojos y podía notar desesperación en los suyos, “Esta es la llave de Skyblade, Gemini y los otros deberían tenerlo, es vital para que terminen su misión”, me entregó una tarjeta magnética, Skyblade era la nave principal de Xhy Garden, su armamento y coraza eran pobres, pero su velocidad era incomparable, apenas puse mi mano en la tarjeta, el techo estalló.

Comenzaron a entrar esos malditos demonios voladores, los waltzers, y, como era de esperarse, su jefe Jörn. Condena salió del pasillo caminando mientras Shift retomaba altura. Ahora eran tres héroes de su bando contra cientos de “no-names”, yo incluída. Ahora, había ciertas tensiones... digamos... especiales entre algunos de los nuestros y esos jefes. Xheilie había jugado con Condena y no creo que la maldita pueda perdonar algo así, Titus fue uno de los principales responsables de la derrota de Jörn en la batalla de Theed, y podía notar algo entre Cid y Shift, ya que ella había adoptado la forma de su fallecida novia, dos veces.

Yo hice que Jörn se quemara con su propia magia, dejé ciega a Shift por un tiempo y fui la responsable de que Condena no se pueda colar en el portal. Oh sí, estaba fregada.

Mientras los waltzers volaban hacia los alumnos, quienes disparaban balas, flechas, hechizos y una infinidad de objetos extraños, los que estabamos agrupados arriba empezamos a correr en dirección al hangar. No aspiraba a llegar sin problemas, de hecho todo lo contrario, pero mientras más distancia pudiéramos abarcar sin encontrarlos, sería mejor para todos.

Mientras corría, ví que Shift ahora volaba a mi velocidad, a sólo unos metros de distancia, me miraba a los ojos con una sonrisa, claramente ya no estaba cegada. Levantó sus manos, esperaba un hechizo así que conjuré mi burbuja reflectora para devolverle lo que sea que me lanzara, sin embargo lanzó el hechizo al suelo alrededor nuestro, no pude devolver eso. Se engendraron muchos demonios en el acto, bajo nuestros pies, nos hicieron caer al suelo.

Estaba lista para jugarme, era todo o nada, tenía que realizar una explosión sagrada que abarcara el área en dónde nos encontrábamos, un hechizo enorme que no dañe a mis amigos pero sí a los demonios. Nunca había realizado antes algo así, pero podía intentarlo, y sonaba factible. Empecé a concentrarme mientras la batalla explotaba a mis alrededores.

Algo interrumpió mi concentración, un zumbido poderoso que se intensificaba. Condena venía a una velocidad increíble, algunos alumnos se dieron vuelta y intentaron atacarla inúltilmente, ella los mató con demasiada facilidad, cuando llegó a mí, lanzó un espadazo hacia mi cara que intenté esquivar, casi con éxito, sentí, casi en cámara lenta, como su espada cortaba parte de mi ceja (mis ojos estaban fuertemente cerrados), el corte seguía por mi mejilla, sentí como si mi ojo hubiese estallado. Caí al suelo, el dolor no me dejó hacer nada más que quedarme tirada y esperar a que me mate por fin, pero después de unos segundos, no me había vuelto a atacar, intenté abrir mis ojos. Mi ojo derecho se abrió sin problemas, pero intentar abrir el izquierdo fue un dolor incluso más intenso que el del corte, no podía ver absolutamente nada y esperaba que fuera por la sangre agolpada.

Nadie me atacaba, Condena parecía estar peleando contra Xheilie y Cid, no me molesté en ver a los otros, sólo me senté contra la pared. Intenté usar mis hechizos de sanar en mi ojo, pero no funcionaban bien, seguía sin poder ver.

Entonces apreté mi pobre herido ojo con mucha fuerza, lo hundí fuerte dentro de mi cabeza y me aseguré que la herida estuviera cerrada y apliqué el mejor hechizo que pude disparar de mis dedos. El dolor me hizo llorar aunque mi cara estaba demasiado llena de sangre para que se notara. El corte dejó de sangrar, abrí mi ojo y petaneé un par de veces, veía muy borroso pero parecía funcionar.

Bañada en mi propia sangre, regresé a la batalla, tuve que cerrar mi ojo izquierdo porque solo me confundía. Ví como Condena comenzaba a cortar a Argos por la mitad de la cintura, él se transportó en el acto, solo espero que a donde sea que fue, haya llegado en una pieza... literalmente.

20.2.08

Pérdidas. Parte I

No voy a contarles toda la historia, porque ya la conocen, pero sería justo que les cuente lo que sucedió mientras ustedes no estaban.

Volvíamos de nuestra pequeña... “excursión” a Belzia. Claramente no fuimos muy silenciosos, en especial con ese asunto de los barcos jugernautas, creo que fue ahí cuando sentí la presencia por primera vez. Aunque era muy débil y no quería alarmar a nadie, además había sentido tantas cosas en Belzia que ya no sabía qué era real y qué solo un reminescente del accidental viaje.

Me conocen hace algunos meses, soy una chica bastante paranoica, por eso llevo siempre un arsenal de hechizos instantáneos, botellas de pociones, ether, un maso de piedra y una pelotita anti-stress que, en pocos casos, logra evitar que mi otra personalidad tome el control.

Después de tanto tiempo, llegamos a Xhy Garden una vez más, fue una larga tarde combatiendo acólitos o demonios o lo que sea que fuesen esos encapuchados, seguido por una noche de poco sueño y una serie de planes para finalmente infiltrarnos en un barco del ejército enemigo que nos llevara a casa, sólo para terminar involucrados en una guerra naval. No sé qué decir, mis sentidos estarían afectados por tanto tumulto y decidí ignorarlos. Cuando llegamos al Garden, sabía que algo andaba mal, como maga blanca notaba las presencias de una armada de demonios acercándose. Pero era débil y preferí ignorarlo y pensar que se debía a mi paranoia.

Qué equivocada estaba.

Todos ustedes fueron a ver a Cid, al parecer había algo mal con él. Tan ocupados estaban con él que no se dieron cuenta que la barrera había caido y los demonios entraban al Garden mientras los alumnos intentaban repelerlos. Pero el tiempo nos enseñó que la verdadera batalla es la que combaten los héroes, los demonios eran solo una distracción ¿Dónde estaban los héroes?

Mis hechizos sagrados eran terriblemente efectivos contra los demonios, pero estaba desperdiciando mucha energía en ellos, no era donde debía estar. Pude ver a algunos de mis compañeros peleando. Smoky y Flatley con sus lanzas saltaban para todos lados, llevandose un demonio con cada salto. El enorme Botto blandía su garrote mientras los demonios volaban de a docenas. Una explosión llamó mi atención, en el segundo piso el director estaba disparando con un lanzamisiles hacia los demonios voladores.

“¡Flatley! ¡Llevame arriba!” Le grité al burmeciano, él me tomó de la mano y, con ayuda de su lanza, saltó los 20 metros sin dificultad. La atención de muchos de los demonios voladores se concentró en el punto donde Flatley me dejó, él y Titus el monje combatieron a los pocos que se acercaron a pie. La arquera viera Xheilie lanzaba certeras flechas que tumbaban del aire a los demonios con efectividad mientras el pequeño Glorfindel lanzaba sus shurikens. Todavía no había señales de los verdaderos héroes, en ninguno de los dos bandos. Hasta que apareció Riogo, por fin. “¿Qué está pasando?” preguntó rudamente mientras se acercaba corriendo entre el tumulto. “Nos invaden de nuevo” Gritó Glorfindel. Riogo levantó su pistola automática y empezó a disparar rápidamente hacia los demonios que venian volando. Ni uno quedó vivo.

Entonces apareció otro héroe, desgraciadamente, del otro bando. El techo se rompió y entro como una flecha, con su cuerpo vendado y sus enormes espadas. La desgraciada de Condena. Cayó con fuerza al suelo y por un momento todo se quedo quieto, mientras ella buscaba algo con la vista. Nos encontró, miró unos segundos mientras el ruido de la batalla reanudaba, saltó hacia nosotros con esa odiosa sonrisa diabólica, y fue Glorfindel el que se interpuso en su camino.

No duró mucho, de hecho, no duró nada, de una estocada atravesó el cuerpo del pequeño moogle y lo deshechó hacia atrás como si se tratara de un pedazo de basura traido por el viento, y cayó los dos pisos hacia el suelo. Miró a Xheilie, supe que se habían enfrentado antes y la viera la había humillado y había vivido para contarlo. Antes de que atacara, resonó un grito que no me parecía familiar, pero al parecer a Condena sí, porque dio media vuelta y se adentró a un pasillo del cual venía el grito. Corrí atrás de ella.

Lo primero que ví fue a Shara Finx salir volando por los aires hacia la misma caida que Glorfindel, pero decidí darle más importancia a lo que sucedía adentro del pasillo. El grito había provenido de otra de los héroes demoníacos, Shift, más adentro en el pasillo se encontraban el capitán Gemini, Cid y Steiner, quién estaba tirado en el suelo sangrando. Shift comenzó a volar, tomando de la mano a Condena, y ambas salieron del pasillo, seguidas por el capitán y Cid. Me acerqué a Steiner y puse mis manos en su espalda para curarlo. Le habían disparado, ¿Habría sido Cid o el capitán? ¿o tal vez Riogo?

Steiner ni siquiera me miró e intentó salir corriendo atrás de los otros dos, lo seguí. Por algún motivo tanta excitación estaba despertando a mi otra personalidad. Traté de detenerlo. Solo imaginarla lanzandose como una suicida hacia los demonios me hizo temer. Me senté en el suelo y empecé a morder mi pelotita anti-stress. Al parecer Condena se dirigía al director mientras Shift flotaba en el medio del aire y conjuraba algo. Pude ver a Riogo intentando atacar a Shift con una especie de daga, luego mi vista se empezó a nublar, intenté calmarme. Luego ví cómo Condena atravesaba a Xheilie con su espada y la dejaba caer. En ese momento se apoderó de mí.

Por unos segundos, dejé que mi mente se relajara, que descansara de tanto combate, pero me obligué a mí misma, con mucho esfuerzo, a despertar. Pero no podía moverme, estaba completamente paralizada. “Tienen que huir, Mawreen.” Me dijo el director, que estaba paralizado al lado mio. “Vayan a la enfermería y llévense a los Lynwood, ellos también deben estar lejos de los demonios.”.

“¡iaaaaaaaaa!” Shara Finx de alguna manera había logrado subir de nuevo, y en ese momento corría con su espada en alto, pisaba el borde de la baranda y saltaba hacia Shift. Su ataque no fue exitoso y el resultado fue una caída de 20 metros, pero hizo que la druida perdiera su concentración y de repente podía moverme de nuevo.





y me cansé de escribir.
stay tuned for part 2

18.2.08

Escape a Kinópolis

I. Una niña bajo un cielo gris



Como todas las noches, Ekaterina se encontraba sentada en su cama. Con su cara enterrada en sus rodillas mientras sostenía sus piernas con sus brazos, estaba hecha una pequeña bolita que se mecía hacia delante y hacia atrás hasta perderse de la realidad. Cuando lograba sacar el frio mundo de su cabeza, se tendía de espaldas a lo largo de su cama y mantenía sus ojos cerrados, y su mente en ese hermoso lugar. Su expresión cambió drásticamente, en donde se encontraba una boca fruncida de tristeza, comenzaba a dibujarse una sonrisa.

Eran tiempos de guerra, que traían tiempos de cambio a la nación. El nuevo gobierno había prometido cambios y ciertamente los hubo. La defensa militar no fue impecable, pero ciertamente daba sus frutos, y las tácticas ofensivas parecían indetenibles. Esto fue hasta que alguien habló. Al parecer una familia damnificada intercambió información con el gobierno enemigo a cambio de protección. El maravilloso plan de ataque fue saboteado, y la familia huyó a salvo hacia un país del occidente. El archiduque estaba furioso.

Asi comenzó la era de la gran paranoia. Todos podían ser espías. Ancianos, mujeres, niños, cualquiera podría presentar una amenaza para la nación. No se sabe si fue para generar miedo o por acciones insurgentes, pero la gente empezó a desaparecer o, en algunos casos, a ser ejecutada en plena calle por la Fuerza Pacificadora.

Corrían los rumores de que todas las víctimas de la Fuerza eran personas que habían, de alguna manera, atentado contra el sistemático nuevo régimen impuesto por el archiduque. Había pasado ya un año desde que se declaró estado de sitio. Las escuelas cerraron, mucha gente perdió su trabajo y muchos hogares fueron tomados como Puntos de Control, donde residían los agentes de la Fuerza. Mucha gente se manifestó contra el gobierno para expresar su disconformismo con el nuevo régimen, la mayoría fue “pacificada”.

Al, principio, la Fuerza pacificaba a los insurgentes más evidentes, los manifestantes. A los pocos meses los manifestantes dejaron de existir. La Fuerza comenzó entonces a rastrear y pacificar a todo artista que desafiara al régimen con sus metáforas. Seis meses después de la imposición del régimen, se sentía la sensación de que la gente lo había aceptado sin problemas. No se escuchaba ningún tipo de expresión de disconformismo, exceptuando un eventual grito revolucionario de pequeños grupos que eran pacificados instantáneamente. No quedaba nadie en quién confiar, lo único que quedaba por hacer era aceptar el régimen en silencio, intentar vivir una vida normal sin despertar la ira del archiduque acompañada por las represalias de la Fuerza.

Todo esto viene acompañado de los bombardeos. En las noticias parecía que la nación estaba ganando la guerra, que los sucios occidentales estaban mordiendo el polvo ante la eficacia del gran ejército. Sin embargo, cada semana algún lugar de la ciudad era bombardeado por las fuerzas enemigas, lo que daba la impresión de que los aviones occidentales podían traspasar la “impenetrable defensa” de la nación sin mucha dificultad. Ekaterina presenció dos bombardeos, el primero fue en su escuela. En ese entonces ella no había cumplido los catorce años y su única preocupación eran los exámenes de fin de año. La primer explosión se escuchó a la distancia y despertó curiosidad, la segunda explosión fue más cercana y la idea de un bombardeo cruzó la mente de muchos, para la tercera explosión toda la escuela estaba en completo estado de pánico, los alumnos y profesores corrían sin una dirección aparente. La cuarta explosión voló un aula cercana a la de Ekaterina, los gritos se intensificaron mientras las bombas seguían cayendo, el fuego se apoderaba de la estructura y no mucha gente pudo salir del edificio en llamas. Ella pudo salir sin mayor daño que el causado por las constantes caidas y empujones de las otras personas que intentaban huir desesperadas. No se quedó para ver si sus amigas salían o no, solamente corrió y no se detuvo hasta llegar hasta su casa. Poco después se impuso el régimen y Ekaterina no volvió a la escuela.

El segundo bombardeo que ella presenció fue en el distrito comercial, pocos meses después del primer bombardeo. Paseaba con una de sus amigas y reian juntas, les había tomado tiempo volver a reir, después de haber perdido a tantos de sus amigos en el ataque a su escuela, pero parecían dispuestas a voltear la página y empezar a escribir en una en blanco. Vieron la lluvia de fuego a la distancia, que destruyó gran parte del distrito. Desde entonces Ekaterina no tuvo permitido abandonar su casa sola, y rara vez lo hacía acompañada.

Su padre escribía cuentos de fantasía, una saga de novelas cortas sobre un mercader de la edad media que termina convirtiéndose en caballero, pero dejó de escribirlas abruptamente. La Fuerza derribó la puerta de su casa una tarde, entraron seis grandes hombres armados e hicieron un desastre en la casa, rompieron adornos, tumbaron los muebles y metieron en una bolsa todos los libros, vinilos y pinturas de la casa. Uno de ellos golpeó al padre de Ekaterina con el reverso del arma y le rompió la nariz, “No más cuentitos,” dijo, “Tanta fantasía puede dar la idea de que eres un idealista, y a nadie le gusta eso.” Su padre efectivamente dejó de escribir sus novelas, pero consiguió un trabajo como redactor de un periódico local, obviamente dirigido por el gobierno.

Ya no había libros en su casa, no tenía permitido salir, su padre pasaba cada vez más tiempo en el trabajo. Lo primero que quizo hacer Ekaterina era dibujar, para poder hacer que el tiempo pase, pero su madre se lo prohibió al poco tiempo, “no quiero que la Fuerza te lastime a ti también”. Los pasatiempos de la chica pasaron a ser aprender a tejer, mirar por la ventana y discutir con su madre.

El día que cumplió 14 años, Ekaterina hizo una pequeña fiesta en su casa a la que asistieron varias de sus amigas y, por esa tarde, se sintió una niña feliz. Esa noche su padre llegó del trabajo con un regalo envuelto. Evidentemente se trataba de un libro. Arrancó su envoltorio con mucha emoción y leyó la tapa, “Juno, el obediente” el título le llamó la atención de tal manera que abrió el libro y fue pasando las páginas, leyendo pequeños fragmentos hasta llegar al final. Lo lanzó al suelo mientras gritó “¡Qué basura!”. Las sonrisas en las caras de sus padres cayeron tan fuerte como el libro y la miraban fijo buscando una explicación “¿Esto es lo que haces, papá? ¡Pura propaganda política!” Le dijo ella titubeante, sus ojos se humedecían. “Lo siento, querida, pero es lo único que puedo conseguir, el archiduque no quiere libros que fomenten el disconformismo en la gente.” Respondió su padre con tristeza. “¿Y a mí qué me importa el maldi--?” Al ver a donde iba esa frase, su padre le tapó la boca “No vuelvas a hacer eso” susurró él “Nos pones a todos en peligro” sus ojos habían acumulado suficientes lágrimas, ahora una de ellas caía por su mejilla mientras decía “¡Papá, por favor! ¡Escribe una de tus historias, solo para mí!”, la cara del hombre mezclaba tristeza con impotencia “Sabes que no puedo hacerlo.” Dijo lentamente. “¡Te vendiste!” Explotó ella “¡Con qué facilidad te rendiste! ¡Dejaste que se llevaran lo mejor de ti y encima trabajas para ellos! ¡Me avergüenzas!” Dijo Ekaterina mientras las lágrimas brotaban recorriendo sus mejillas y cayendo al suelo. “¡Todo lo que hago, lo hago por la seguridad de nuestra familia! ¡Desagradecida!” contestó él mientras su hija corría a su habitación y enterraba su cara en su almohada.

“¿Lloras porque realmente crees en todo lo que le dijiste a tu padre? ¿O es porque sabes que él tiene razón y te duele no poder hacer nada al respecto?” Dijo alguien muy cerca de ella, no pudo reconocer su voz, por eso levantó la vista para ver de quién se trataba.

Había un hombre sentado en la cama junto a ella, un hombre alto que parecía haber salido del siglo XIX, llevaba un bigote muy fino y el cabello corto bajo una galera, claramente vestía de luto. Por su apariencia y su manera de hablar, le recordó inevitablemente a un personaje de alguna obra de teatro de Oscar Wilde, su dramaturgo preferido. “¿Quién... quién eres?” Preguntó sorprendida.
“Mi nombre es Jigorio Wilhelm Flunkast, o Jiggy Flunkast si lo prefieres.” Respondió el extraño hombre
“Eso no me dice quién eres. ¿Eres de la Fuerza? Es por lo que grité, ¿no?” Preguntó Ekaterina con miedo.
“¡Claro que no soy de la Fuerza! Una vez pedí trabajo ahí y me dijeron que no iba a poder conservar el bigote. Les dije que lo consideraría y sigo haciéndolo. Es un bonito bigote ¿No lo crees?” Respondió con tono irónico, ella intentó sonreir, no sabía si hablaba en serio o estaba bromeando.
“Pero no entiendo, ¿Qué haces aquí?” preguntó, su miedo por el hombre se desvanecía rápidamente
“¿Qué hago aquí? ¿Cómo explicarlo? Bueno, soy una especie de guardián. Mi objetivo es protegerte.”
“¿Eres mi guardian?”
“Por cierto. Pero no te preocupes, no eres la primer niña que me toca proteger”
“Pero, ¿proteger de qué? ¿De la Fuerza? ¿Estoy en peligro? ¿y mi familia?” Ekaterina empezaba a impacientarse y su tono de voz se hacía más agudo con cada pregunta.
“Tranquilizate, no estás en peligro. Pero eso no significa que no necesitas protección. Además yo me presenté formalmente y aun no sé tu nombre.” Dijo Jiggy, manteniéndo la calma.
“¿Eres mi guardián y ni siquiera sabes mi nombre? Soy Ekaterina.”
“Es un placer Ekaterina.” Dijo él mientras se incorporaba y caminaba hacia la puerta, por donde entraba su padre.

“¿Estás bien, hija? Lamento lo que sucedió, debería haber sabido que no te interesaría un libro así.” Dijo él mientras caminaba hacia su hija, pasó por al lado de Jiggy como si este no existiera. Mientras su padre intentaba explicarle a Ekaterina los problemas actuales, Jiggy bailaba atrás de él y hacía muecas, obligando a la niña a suprimir la risa que eso le provocaba. Su padre, al ver que había recuperado la sonrisa, se fue sintiéndose realizado.


Notas:

Aunque la trama parezca algo clichè, estoy tratando de llegar a algo. No busquen a Ekaterina, Jiggy o el archiduque en el mundo real o en el mundo ficticio, porque ya lo estoy haciendo yo y los voy a encontrar antes que ustedes.



Está escrito en español neutro principalmente para dejar en claro que no se ambienta en la dictadura de Argentina.



Esta parte la escribí en una tarde, lo que no implica que piense escribir todos los días... aunque lo ideal sea que escriba algo por lo menos una vez a la semana, me conozco bien para saber que no voy a poder cumplir con eso.