Lucas y su hermano menor Ariel salían de un recital de una banda local, no fue nada impresionante, ni tampoco algo que no les haya gustado, fue un simple concierto. Lucas compró unos sándwiches en un mercado y pararon en una plaza camino a su casa para comer, era tarde en la noche y el lugar estaba desierto, se sentaron en un banco y hablaron de cosas sin importancia.
Después de un tiempo, Ariel dijo
- Mirá la hora, tengo que volver a casa, mañana me tengo que levantar temprano.
- Si mañana es sábado, ¿para qué te tenés que levantar?
- Le dije a Nahuel que lo iba a acompañar al centro, se quería comprar unas camisas.
- Siempre te andás moviendo por este chico Nahuel, ¿qué favores te hizo él a vos últimamente?
- Ninguno. Yo no le pido nada. Pero somos amigos.
- Así la gente se va a aprovechar de vos, ya tenés 17 años, Ariel, date cuenta que si vos le hacés favores a la gente y nadie hace nada por vos sos un boludo.
- Claro, porque vos lo sabés todo. Siempre me estás diciendo qué hacer, ¿no soy un boludo si te escucho a vos?
- No, porque yo soy más inteligente, serías un boludo si no me escucharas.
Ariel no respondió, le dio otra mordida a su sándwich. Le dijo a su hermano,
- Uh, tiene una aceituna, ¿la querés?
- Damela
Lucas tiró la aceituna que le dio su hermano al aire y la atrapó con su boca a la caida, apenas lo hizo, intentó toser, se estaba atragantando.
- Ariel... ayudame... me estoy ahogando – Se esforzaba para decir.
- ¿Y qué voy a hacer yo? Soy un boludo – Le respondió su hermano
- Dale estúp-... parate atrás mío y apretame el estómago... – Intentó decir algo más pero la toz se lo impidió.
- No sé, che, salvarte la vida es un favor grande, es mucho lo que me pedís, no hiciste mucho por mí últimamente como para que te haga un favor así.
Lucas parecía dispuesto a insultarlo de pies a cabeza, pero no le alcanzaba el aire.
- Bueno, Lucas, ¿qué querés que te diga?, fuiste un mal hermano, siempre tan egoista, creyéndote generoso con actos menores. No, la verdad no te ganaste que te salve, perdoname.
Ariel se puso de pie y se metió las manos en los bolsillos.
- Ah, y gracias por el sándwich.
Se alejó tranquilamente mientras su hermano se atragantaba en silencio hasta que dejó de retorcerse y quedó tendido sobre el banco de la oscura y desierta plaza.
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Hace 3 años
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