31.3.08

El final del principio

Entró por la puerta trasera, vieja y oxidada, tironeó con fuerza para abrirla y parecía que se iba a soltar de sus bisagras en cualquier momento. El chirrido repentino despertó la atención de algunos vagabundos, que lo miraron brevemente y luego volvieron a dormir.

Adentro había otros vagos refugiándose, seguramente víctimas como él del segundo crack, tapándose con sus sacos Vicci y recostando su cabeza sobre sus zapatos VanCoste, sus caras estaban tapadas por barbas de semanas o meses. Frenó de golpe, rascó su barba que estaba ganando densidad, se sacó sus carísimos zapatos VanCoste y su saco Vicci y los dejó en el suelo, arrancó su reloj Hohnel y se sacó su anillo de oro, no iba a ser como esos vagabundos, aferrandose a sus posesiones que ya no tenían valor.

Subió los escalones lentamente, mientras lo hacía se sacó las medias, así sus pies desnudos sentían la textura y la mugre de los escalones. Se desaflojó su corbata, ese inútil pedazo de tela que colgaba inútilmente de su cuello, siempre había odiado las corbatas. Mientras subía pensaba cómo todo podría haber sido diferente, cómo a él le podría haber tocado una vida exitosa si hubiese vivido en otra época.

Los puños de la camisa le molestaban, así que tironeó, arrancándose los botones. La experiencia se sintió tan liberadora que decidió arrancar todos los botones de la camisa, exponiendo su pecho velludo. Seguía ascendiendo lentamente, escalón por escalón, pensándo en todo lo que había perdido, en todo lo que fue suyo y él no aprovechó cuando tuvo la oportunidad. Tiró la camisa al suelo.

Llegó a la terraza, estaba desierta. Arrancó su cinturón y miro su inscripción en la hebilla, “Maloy and Davura”, toda su ropa era de diseñadores reconocidos, aquella vez que tuvo dinero decidió gastarlo en vestimenta... en nombres. Sus pantalones Fillip cayeron al no tener sustento. Caminó hasta el borde de la terraza y se quitó su última prenda, subió a la baranda de concreto, contemplando el largo viaje hacia abajo. Extendió sus brazos y cerró sus ojos.

No pudo hacerlo, no tuvo el valor. Abrió sus ojos y miró hacia abajo, algunos vagabundos lo estaban mirando. Bajó de la baranda y se puso sus calzones Girard Cousteau, se puso sus pantalones y los abrochó con su cinturón, bajó la escalera donde recuperó su camisa y su corbata, se puso sus medias, sus zapatos, su saco y salió del edificio.

Antes de irse, uno de los vagos le dijo “Oiga, amigo, si no tiene a dónde ir puede quedarse aquí, tenemos comida y techo.”

“Gracias” respondió él, “Es verdad que ya no tengo a dónde ir, pero no podría quedarme acá, es muy humillante lo que me vieron hacer.”
“¿Cree que es usted el primero en hacerlo?¿Por qué cree que vivimos debajo de un edificio tan alto? Y ¿Por qué cree que nuestras camisas tampoco tienen botones?”


El cuento es para ella que tiene la voluntad de seguir adelante... o mejor dicho, la falta de voluntad para dejar de hacerlo =P

27.3.08

Pérdidas. Parte III

Ahí estaba yo, con mi visión tan reducida, peleando en un pasillo por el cual deberíamos estar corriendo. Donde sea que miraras había demonios y waltzers, peleando contra cada vez menos alumnos, y la maldita Condena que nos estaba dando una buena paliza.

Volteé al escuchar un grito ahogado, el director estaba en el suelo, siendo agarrado de las piernas y morido por... ¡Los mismos alumnos del Garden! Esos que habían muerto en combate, ahora volvían como muertos vivientes para el equipo contrario. Obra de Jörn, si tuviera que adivinar.

"¡Cid!¡Mawreen!" Gritó él, pero nosotros dos estábamos tiesos, paralizados por el miedo, estaba siendo horriblemente mordido y nunca podríamos llevarlo a una iglesia a tiempo, no ibamos a poder evitar que se transformara en otro maldito zombie. Zombies... era lo único que faltaba, ¿No? Podrían haber entrado tres wyrms de hielo gigantes y no me hubiese sorprendido.

Cid miró a los alumnos, no lucían como zombies, lucían como personas, personas gravemente heridas, pero personas. Llevaban el uniforme del Garden y en sus ojos había humanidad. Era incluso más horrible que ver a un zombie putrefacto y sarnoso. Cid cerró sus ojos un momento y levantó su revólver, respiró hondo y apuntó hacia uno de ellos... ¡Bam!, le voló la cabeza... lentamente apuntó a otro... ¡Bam!... no fue algo rápido, ni algo agradable, Cid lentamente volvía a matar a todos nuestros compañeros muertos, una lágrima caía por su mejilla cada vez que disparaba. En un minuto, todos los alumnos estaban tirados en el suelo, destruídos. El director, con mucha dificultad, se puso de pie.


"Cid... sabés lo que te voy a pedir..." Dijo el director, mirándolo fijamente a los ojos.

"¡No! ¡Jamás! ¡No voy a hacer eso!" Gritó él, tan fuerte que supuse que Shift y Jörn estarían mirándolo como una telenovela.

"Aceptalo... ya no tengo salvación." Dijo suavemente, luego tosió con fuerza.

"No diga eso, señor, lo llevaremos a una iglesia y lo recuperarán, ya verá." Se mentía Cid.

"Cid... nunca llegaríamos, lo sabés... empiezo a perderme, una nueva conciencia va a apoderarse de mí..." Exclamó el director más asustado.

"Combátala, usted puede..." Cid ya no sabía que decir.

"Cid Summer. Quiero morir siendo yo mismo y no un maldito muerto viviente, ya le avisé a los otros Gardens de la invasión, mi Garden no existe, mi rol terminó, al menos quiero morir con algo de dignidad."

Ambos quedaron en silencio, finalmente Cid dijo

"¿Dónde?"

"Solamente funciona si es en la cabeza, lo sabés" Dijo el director.

Levantó su arma, su mano temblaba tanto que temía que iba a disparar a cualquier lado. Lloraba, y yo también lo hacía.

"Cid, Mawreen, su misión es más grande, no sólo tienen que llevarles la nave, ustedes dos tienen que sobrevivir y ayudar a terminar esto, tienen el potencial. Ha sido un placer trabajar con ustedes, aunque haya sido por tan poco tiempo."

"Ha sido un placer trabajar con usted, director." Dijo Cid entre sollozos, su mano dejó de temblar, apuntó con firmeza a su frente y disparó. Nos quedamos en silencio, aunque fue sólo un instante, todavía estábamos en guerra, y un grito llamó nuestra atención.

Titus estaba en el suelo, Shift había adoptado su forma de mantis gigante y estaba apuñalando al monje repetidamente con sus enormes guadañas. Con cada impacto Titus pegaba un grito que no creo que alguna vez olvide, era horrible. Xheilie abandonó su combate con Condena de inmediato y lanzó una flecha hacia el insecto gigante, impactó directo en su cuello y retrocedió, ella y Botto fueron hacia Titus, dejándo a Condena contra Flatley y algunos inexpertos alumnos.

Titus estaba muerto, definitivamente, cuando ellos dos se acercaron no tuvieron que fijarse dos veces para saberlo. Xheilie cayó de rodillas, parecía devastada. Botto en cambió rugió algo intraducible, pero parecía provenir del mismo infierno, y se abalanzó contra la mantis gigante, sin su garrote, solo golpeándola con sus enormes puños, el insecto cayó y Botto siguió golpeando, retomó la forma de mujer, la forma de Shift, pero eso no detuvo al salvaje Seeq que había perdido a su mejor amigo, siguió golpeando a la maldita y me encantó verla sangrar.

Estuve algunos segundos alucinada con eso, hasta que decidí mirar que pasaba con Condena. Para mi horror, vi a Flatley en el suelo sangrando, junto a cinco alumnos en el mismo estado, pero no ví a la perra. Volteé.

Lo primero que ví fue un demonio horrible, agarró mi mano derecha y tironeó, haciéndome soltar mi mazo, hice fuerza para soltarme, pero no pude, era más fuerte. Entonces sucedió...

Fue Condena, fue esa maldita perra, fue la maldita mujer monstruo con sus espadas gigantes. Pasó volando como un rayo y fue tan rápido que ni lo sentí, ¡zas!, pero al segundo empezó a brotar sangre y el dolor era incomparable. Empecé a gritar mientras veía dónde terminaba mi brazo y empezaba una cascada de sangre. Y ese maldito demonio tenía el resto de mi brazo y comenzó a devorarlo, caí al suelo, no tenía mucho más que hacer, era demasiado dolor.

Me senté en el suelo e intenté no ser presa del pánico, lo que parecía una tarea imposible. Conté hasta 10... hasta 20... hasta 50... hasta 100. Apreté con fuerza el muñón y concentrándome todo lo que pude, lancé sobre ese punto el mejor hechizo de curación que logré. Al menos el muñón dejó de sangrar. Retomé aire y me puse de pie, conjuré un hechizo sagrado para liquidar al demonio y recuperar mi brazo, pero estaba arruinado, el demonio había comido bien... era inútil.

Perra, iba a conjurarle un artema, no me importaba quién estuviera cerca,miré hacia su dirección. Cid estaba tumbado en el suelo, tenía unas heridas importantes, lo mismo con Xheilie. Condena se dirigía a Botto, quien estaba empezando a cansarse de golpear a Shift. En cuanto vi mi oportunidad, canalicé toda mi energía en un último artema, fue una hermosa explosión de luz blanca.

Cuando la luz desapareció, Condena parecía molesta, y algo adolorida, miró hacia los costados, Cid estaba de pie, Xheilie había desaparecido, Condena me miró, pero no hizo nada, solo sonreía. “¡Mawreen, abajo!” Gritó Cid entonces, y no dudé en hacerle caso, me tiré al suelo mientras una bola de fuego enorme pasaba sobre mi cabeza, el hechizo siguió su curso, Condena lo esquivó con facilidad e impactó en una pared lejana. Cid tiró tres tiros que pasaron muy cerca mio, al maldito mago Jörn que al parecer estaba atrás mio. Corrió hacia esa dirección.

Condena se acercaba a mí, ya no sonreía, yo estaba exhausta, no podía hacer más nada, estaba a su merced. Se acercaba caminando muy tranquila la perra, creo que nunca me alegró nada en la vida como ver como una katana salía de entre sus pechos, luego se retraía y volvía a apuñalarla en el abdomen. Xheilie saltó entonces de atrás y la agarró de los brazos, pateó la espada, que se insertó más adentro. Soltó sus brazos y agarró su cabeza, ¡Krack!, su cuello se quebró con un ruido hermoso, su cabeza terminó mirando sus espaldas, mirando la terrible y letal ira de la viera directamente a los ojos.

Xheilie saltó hacia mí, esa fue mi primera impresión, en realidad se dirigía hacia el mago. Cuando pasó por al lado mio pude ver el frenesí en sus ojos, ya no era ella misma. Cuando me di vuelta, Xheilie ya tenía al mago contra el suelo, mientras Cid vaciaba su cargador en él, luego recargó y volvió a vaciar el cargador, recargó nuevamente, pero miró al mago deshecho en el suelo y guardó su arma.

Algunos alumnos se acercaron a nosotros, todavía quedaban muchos demonios. Cid tenía muchos cortes y Xheilie estocadas importantes, ambos parecían estar en estado crítico. Los alumnos también estaban heridos.

Nos disponíamos a seguir adelante, estábamos cerca del hangar, Botto estaba más adelante sobre Shift, que no respondía, una oleada de demonios vino de esa dirección, Botto peleó pero no pudo sacárselos de encima, se movía torpemente para todos lados, retrocedió hasta apoyarse contra la baranda, la cual cedió ante su peso y cayó junto con todos los demonios. Fue una larga caida, y no nos atrevimos a mirar, pero el sonido fue horrible.

Avanzamos lentamente, todos carecían de movilidad y yo de energías para curarlos, cuando pasamos por al lado de Condena, Cid disparó cuatro veces a su cuerpo inerte, hizo lo mismo cuando pasamos por al lado de Shift.

Llegamos al hangar, subimos a esa nave que ustedes vieron, Cid dijo que tenía una idea de cómo pilotear, despegamos sin problemas. En la nave estábamos Cid, Xheilie, cinco alumnos y Glorfindel, o, mejor dicho, el cuerpo de Glorfindel que estaba muerto hace un tiempo ya, pero lo encontré en el camino y pensé que por lo menos podría tener un entierro digno.

No todo termina ahí, nos encontrábamos nosotros tres en la cabina y los alumnos entraron algo raros... a Cid no le costó darse cuenta de lo que sucedía y esta vez no lo dudó antes de ponerle un balazo en la cabeza a cada uno de ellos. Su mano temblaba, su ropa y el suelo estaban cubiertos de sangre... Xheilie se movía muy poco, había perdido demasiada sangre y creo que los dos tenían órganos dañados, Cid se desmayó al volante y la nave impactó contra el suelo, fue ahí cuando ustedes nos encontraron. Nos cargaron a mí y a Xheilie y nos llevaron afuera de la nave. Luego salieron Riogo y Steiner de la cabina, sin Cid, dijeron que se quedó sólo, con el revólver listo por si pasaba algo.

Bang. Todos sabíamos qué había pasado, pero nadie sabía por qué. Tal vez Cid sabía que sus heridas estaban muy mal y, al igual que Xheilie, no ibamos a poder salvarlo. Tal vez no pudo soportar la culpa por haber tenido que acabar con el director y todos esos alumnos. Tal vez se sintió culpable por confiar en Shift, que había tomado la forma de Eve... Eve... me gusta pensar que se reunió con ella ahora... estoy seguro que ellos están arriba mirando. Cid e Eve, felices juntos, alentándonos, con Botto y Titus, que combaten eternamente, con Glorfindel y Cherubael, que se están divirtiendo juntos una vez más, con Xheilie y Flatley, con el sabio Argos, con Charlie Lynwood, el director Morrow, el director Robbins, todos los alumnos y graduados de Theed y Xhy que cayeron en las invasiones. Quiero creer que todos ellos confían en que terminemos esa misión, que su muerte no haya sido en vano, que todas estas pérdidas valgan algo, que cuando un día nosotros lleguemos a ese reino, lo hagamos sonrientes y victoriosos y podamos decirles que fue gracias a ellos que el imperio cayó, que los demonios volvieron de donde salieron y la tierra está en paz una vez más.


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19.3.08

Escape a Kinópolis

II. Tus ojos se abren (parte 2)

Caminaron un poco hasta llegar hacia una estructura extraña, la arquitectura de las cosas era inusual, Ekaterina no había visto antes algo similar, parecía un aparato un poco más grande que ellos, hecho de madera, metal y… algo más. Algo que ella sólo pudo relacionar con el exoesqueleto de un escarabajo.

Ekaterina se dio cuenta que el extraño aparato era un ascensor, porque se encontraba sobre el precipicio y tenía lo que podría ser una puerta, pero no veía ningún botón, revisó el artefacto buscando cómo llamarlo. “¿Qué estás bucando, niña?” Dijo Jiggy, mientras le daba a la puerta del ascensor un fuerte golpe, se encendió una luz roja arriba.

“Estoy confundida, Jiggy… ¿es esto un sueño?” Preguntó todavía algo pasmada, Jiggy, en respuesta, pellizco su hombro “¡Ay!”
“Sentiste eso, niña?” Dijo con una sonrisa.
“¡Sí, lo sentí, no lo hagas de nuevo!” Respondió molesta mientras se sobaba el brazo, “Pero, ¿Dónde estamos? Quiero saber todo sobre este lugar ¿Por qué siempre es de día?¿Nunca oscurece?”
“Desafortunadamente, querida, solo tengo una boca y tengo tiempo para contestar una sola pregunta al tiempo que tu haces treinta. Si tuviera treinta bocas te prometo que te contestaría todas tu preguntas en un instante.”
Ekaterina rió, “¿Por qué siempre es de día?”
“Simple, hay dos estrellas… como tu sol. Polly nos ilumina las primeras diez horas del día, y Jean las otras diez. Pero sí que oscurece, este planeta tan pequeño tiene siete lunas, los eclipses son muy frecuentes.”

Miró hacia las tierras de Kinópolis, aunque estaban muy alto y era muy levemente, podía ver la curvatura del planeta.
“¿Y las otras cuatro horas?” Preguntó ella
“¿Qué otras cuatro horas?”
“Polly ilumina diez horas, Jean otras diez… ¿no es de noche las otras cuatro horas del día?”
“Aquí los días sólo tienen veinte horas, pero la gente duerme mucho menos.”
“Entonces ¿Cómo se mide el paso del tiempo acá en comparación a mi hogar? ¿Si estoy aquí ocho horas, cuánto tiempo pasará en el otro mundo?”
“Eso te lo tengo que explicar cuando tengamos más tiempo, es complicado…” La puerta del ascensor se abrió de repente con un chillido horrible. Entraron. Adentro el ascensor era muy grande, tenía paredes de cristal que permitían contemplar el paisaje. Pero eso no fue lo primero en soprender a Ekaterina. El operador del ascensor era un cerdo. A simple vista parecía un hombre bajito y regordete, pero no lo era, su nariz, sus orejas, sus ojos, el hombre era un cerdito con bigotes y unas vestimentas extrañas. Tenía una espada enfundada en su cinturón.

“¡Jiggy!” Exclamó el cerdo en cuanto ellos entraron.
“Hola Feets, ¿cómo has estado?” Respondió Jiggy alegremente
“Oh, como siempre, nunca hay grandes cambios.” Dijo mientras bajaba la palanca junto a él. Las puertas se cerraron y el ascensor empezó a descender, pero no lo hacía a una velocidad constante, sino que temblaba y se movía irregularmente.
“¿Quién es la niña, Jiggy? ¿Otra protegida?” Preguntó el puerquito.
“Por cierto. Su nombre es Ekaterina, viene de Bélica, pasaba un mal rato allá”
“Ah, veo, veo” Extendió su mano hacia ella, Ekaterina la estrechó, “Es un honor, Ekaterina, mi nombre es Woolworth Feets.” Ella le respondió con una sonrisa, el cerdito le parecía adorable “Es una niña muy bonita, Jiggy, sólo mira ese pelo tan enrulado que tiene, es más negro que la noche, sin embargo brilla tanto como Polly.” Ella se rió, algo avergonzada. “Lástima su extraña vestimenta, ¿Por qué tiene conejos en los pies? ¿Es alguna tradición en Bélica?” Preguntó Feets.
“Es un pijama, es la ropa que uso para dormir, y lo que llevo en los pies se llaman pantuflas, no son conejos de verdad.” Le dijo ella mientras lo miraba fijamente a los ojos. Pero el cerdo no respondió, se quedó mirandola fijamente. “¿Pasa algo?”
“Estoy tratando de comparar qué es más azul, tus ojos o el cielo.” Dijo lentamente
“¡Eres un adulador, Feets!” Rio ella, Jiggy también soltó una carcajada.

Una luz se encendió en un panel cercano al cerdito. “Ups. Lo siento Jiggy, voy a tener que detenerme en el Puerto de las Nubes” Dijo.
“Qué desafortunado, no estoy de humor para esos snobs” dijo Jiggy.
“Nunca lo estás, amigo mío” Replicó Feets, luego movió la palanca para detener el ascensor y abrió la puerta.

Entraron tres hombres de edad avanzada, los tres vestidos con túnicas delicadas de aspecto caro, llevaban adornos de oro y armas semi ocultas. Todos llevaban barbas blancas y pelo corto. Cuando vieron a Jiggy lo saludaron cálidamente.

"Señor Flunkast, qué placer verlo de nuevo." Dijo uno, el de barba más larga.
"Neron, Conroy, Packard, el placer es todo mío," Respondió aduladoramente, aunque se escuchaba un tono de cinismo en su voz.
"No te vemos muy frecuentemente, Jigorio, que no me entere que te estás escondiendo de nosotros," Bromeó otro, el más calvo.
"Cualquier hombre sensato lo haría, Conroy." Los tres hombres se rieron cortezmente.
"Y, ¿Quién es la niña, Jigorio?¿Otra protegida?" Preguntó el otro, el que tenía más adornos de oro.
"Por cierto. Conozcan a la señorita Ekaterina Dragović, proveniente de Bélica." Dijo él.
"Veo que te decidiste a dejar atrás tus errores del pasado y hacerte de otra protegida. Me alegro por tí, Jigorio, era hora de que siguieras adelante." Le dijo el de barba más larga, al oir esto Ekaterina se sorprendió, pero no dijo nada. "Es una niña muy bonita."
"Lástima por su vestimenta," Dijo el más calvo "En mi casa de verano tengo algunas túnicas preciosas que a mi Monalina ya no le gustan, creo que le quedarían bien."
"Oh, Conroy, no es una niña desamparada a quien le regalas la ropa vieja," Dijo el que tenía más adornos, "Pasa por la sastería de Rufo cuando quieras, deja que tome sus medidas y le haga un vestido como sólo Rufo puede hacer, dile que lo ponga a mi cuenta."
"Eso es muy generoso, Packard, pero lo que ella necesita ahora no es un vestido." Respondió Jiggy. Ekaterina suspiró, ella sí quería un vestido.
"Y dile a Rufo que agregue unos zapatos, no es muy placentera la imagen de la niña pisoteando esos conejitos." Dijo el de barba más larga
"¡Que son pantuflas!" Respondió Ekaterina. El ascensor se detuvo y la puerta se abrió de nuevo.

Entraron cuatro seres que Ekaterina solo pudo asociar con ogros, eran realmente feos, con colmillos que salían de sus grandes bocas, cubiertos con armaduras oxidadas, llevaban enfundadas grandes espadas en sus espaldas.
"¡Ar'Khan, Flunkast!" Dijo el más feo con una sonrisa.
"Ar'Khan, Trosk, ¿Cómo estan?" Respondió con sinceridad, Ekaterina notó que a Jiggy le agradaban más los ogros que los aristócratas.
"Nosotros no saber de Flunkast en un tiempo, ¿estuvo de vacaciones?" Preguntó el de colmillos más largos.
"No, Vottoh, estuve ocupándome de algunos asuntos en el exterior, por eso no pude aparecer en ninguna de sus fiestas." Dijo él.
"Flunkast, ¿Quién ser niña? ¿Otra protegida?" Preguntó el de la armadura más oxidada.
"Lo es, Otoe'bu, su nombre es Ekaterina, viene de Bélica" Respondió nuevamente.
"Ser muy bonita, como la última protegida de Flunkast." Dijo mientras le dedicaba una sonrisa a Ekaterina de lo más desagradable, ella rió nerviosamente. "Otoe'bu sorprendido, creer que Flunkast no querer tener otra protegida después del horrible horrible destino de la anterior." Ekaterina miró a Jiggy sin palabras, pero él no la vió.
"Decidí... intentarlo de nuevo."
"A Tos'Koh gustarle pies de la niña. Tos'Koh recordar cuando pisó gatitos y quedarse pegados a sus pies ¿Eso parale a niña?" Dijo el de la espada más grande.
"N-No," Respondió ella nerviosamente, "No son conejos de verdad... son..." Jiggy la interrumpió
"No lo entenderás, Tos'Koh, no lo intentes." Dijo Jiggy, la cara del ogro se entristeció por unos segundos.

"Jigorio, ¿Consideraste nuestra oferta de aceptarte en el Puerto de las Nubes? Con nuestra influencia podríamos hacerte miembro en un instante." Dijo uno de los hombres.
"Creeme, Neron, nada me haría más feliz que desperdiciar mi tiempo jugando al Mei y comparando el precio y tamaño de mis posesiones, pero creo que mi barba no es lo suficientemente blanca y espesa como para sentir que pertenezco. Además tengo trabajo que hacer." Respondió Jiggy con frialdad. Antes de que Neron pueda responder, lo interrumpió un ogro.
"Niña vestirse raro, ¿Flunkast querer que Vottoh fabrique armadura para niña?" Preguntó el de los colmillos más largos.
"Gracias, Vottoh, pero no necesita una armadura por ahora." Respondió Jiggy. Ekaterina suspiró nuevamente, le encantaría tener una de esas armaduras.

Los tres hombres, los cuatro ogros, Jiggy y Feets hablaban bulliciosamente mientras Ekaterina miraba hacia afuera, estaban llegando al suelo, captó por el rabillo del ojo algo que se movía. Eran patas, el ascensor tenía enormes patas de araña, así se transportaba.

"Jiggy," Le dijo ella, "Todos ellos tienen armas... ¿Por qué?"
"Bueno, Kattie, los hombres como Packard las tienen porque son veteranos de guerra y no quieren que nadie les quite esa imágen. Los Lewrt son una raza guerrera, siempre estan preparados para algún altercado, y nuestro amigo Feets tiene que descender a Hivia, y sus habitantes suelen ser hostiles si se encuentran embriagados, lo que es bastante a menudo."
"¿Por qué tú no llevas ningún arma?" Preguntó Ekaterina, todos dentro del ascensor rieron, los hombres delicadamente, Feets con un ronquido y los ogros con fuertes carcajadas.
"Flunkast no necesitar armas, él poderoso" Respondió un ogro.

"Mi carrosa va a estar esperando abajo, Jigorio, ¿Quieres que los lleve al palacio?" Dijo uno de los hombres.
"No, gracias, Packard, no es mi primer destino," Respondió Jiggy.
"¿Flunkast ir para Ordill?¿Querer que Otoe'bu llevar?" Preguntó el ogro
"Gracias, pero tampoco voy para allá."

El ascensor llegó al suelo y la puerta se abrió. Los aristócratas salieron y se subieron a sus carrozas, los ogros salieron después, una especie de gusano gigante salió de la tierra y los cuatro Lewrts lo montaron como a un caballo, luego este zarpó a gran velocidad. Jiggy estrechó la mano de Feets.
"Buena suerte, amigo," Le dijo Jiggy.
"Sí, espero que esos malditos bichos no hayan tenido otra fiesta. Adiós, y suerte con tu trabajo." Bajaron del ascensor, el cual siguió descendiendo metiéndose abajo de la tierra. Luego Jiggy exclamó "Cómo odio estos malditos e interminables viajes en ascensor."

17.3.08

Escape a Kinópolis

II. Tus ojos se abren

Fueron pasando los días, los meses. Ekaterina pasaba la mayor parte de los días hablando con Jiggy Flunkast, contándole sus problemas, sus inseguridades, sus deseos de poder salir de su casa, ver el mundo exterior. Jiggy le contaba que el mundo exterior era un lugar frio y vacío, que allá afuera no había más que guerra y muerte.

A Ekaterina le gustaba recordar los libros que había leido y las películas que había visto en el cine. Narraba las historias y actuaban juntos algunas partes, a veces cambiando el final, dramatizando los finales felices a unos más morbosos y surrealistas.

También le encantaba cantar, aunque no sabía hacerlo. Desafinaba con mucho entusiasmo sus discos favoritos, The Beatles, Frank Sinatra, y un nuevo guitarrista de color que se llamaba Jimi Hendrix.

Durante el día, cuando compartía el tiempo con su familia, se encontraba más animada, aunque sus padres estaban muy estresados por la guerra, ella lograba mantener una sonrisa o al menos permanecer de buen humor.

“Qué está pasando allá afuera, Jiggy?” Le preguntó ella una noche, tendida en su cama “¿Por qué no pueden ser algunos países capitalistas y otros socialistas? ¿Tanto se odian que no aceptan ideologías diferentes?”
“Es complicado, querida” Respondió Jiggy bajando la cabeza, “No sabría por dónde empezar”
“Todos quieren conquistar el mundo,” Dijo ella, “Nadie se conforma con lo que tiene, todos quieren más… ¿Qué harán cuando por fin uno de los dos conquiste el mundo? ¿Cuál será su nueva meta? Me asusta pens—“ Su padre entró a su habitación, interrumpiéndola.

“Te escuché hablar, ¿Pasa algo?” Preguntó él
“No estaba hablando papá, te equivocas, debes haberte confundido con la radio.”
“Hija, podía escuchar tu voz, y estoy seguro que era tu voz, no me mientas.”
“¡Está bien, está bien, papá! Estaba actuando una escena de La Importancia de ser Ernesto… Sí, pero los hombres, a menudo, proponen matrimonio para practicar… Mi hermano Gerald lo hace, me lo dijeron mis amigas… ¡Qué maravillosos ojos azules tienes, Ernesto! Son tan, tan azules. Espero que siempre me mires así, en especial cuando haya otras personas presentes…” Ekaterina sonreía mientras miraba la cara de desconcierto de su padre
“¿Sabes lo que hacen con los actores? ¡Todos ellos son considerados subversivos!”
“Papá… ¿quién va a oirme?”
“No lo sé, pero prefiero no arriesgarme… además te escuché hablando, más allá de tu actuación, estabas hablando sola. Sé que te sientes sola, sin poder salir de casa y sin ver a tus amigas, pero tienes 14 años, estás un poco grandecita para tener amigos imaginarios.”
“¡No tengo amigos imaginarios! ¡Te equivocas!” Ekaterina se enfureció
“Nada de berrinches, nena, de ahora en adelante se acabaron las canciones y la actuación, trabajo muy duro para proteger a esta familia para que nos condenes a todos con tus caprichos.” Contestó con firmeza, y salió de la habitación.

Ekaterina se quedó tendida en la cama, con la cara enterrada en su almohada, respiraba agitadamente y sollozaba.
“¡Qué aguafiestas tienes por padre!” dijo Jiggy “No sabe que los subversivos son la crema y nata de esta sociedad. La sumisión está sobrevalorada.”
Ella no respondió, se quedó tendida en silencio.
“De todas maneras ya habíamos cantado todas las canciones, no te preocupes, ahora cantaremos más bajito para que no escuche”
No hubo respuesta.
“Ah ¿Ahora tu también crees que soy imaginario? ¿Solo un producto de tu mente? ¿O no me hablas por miedo a tu padre? ¿Me vas a dejar hablando solo, Kattie?”
Ella suspiró, pero no respondió.
“Si no me contestas, voy a tener que hacer algo al respecto…”
Slencio.

“Que así sea.” Jiggy tomó a Ekaterina del brazo y la puso de pié de un tirón, ella se resistió, sin hacer ningún ruido, pero Jiggy era más fuerte, la tironeó hasta enfrentarla con la pared. Sacó de su bolsillo una bolsa café y metió su mano adentro, sacó lo que parecía arena de adentro de la bolsa y la lanzó contra la pared, la cual se desmoronó. Pero del otro lado no estaba el comedor, como debería ser, sino que había una extensión de tierra, el suelo estaba cubierto de césped que parecía recién cortado, a lo lejos se divisaban paisajes hermosos y, lo más importante, del otro lado de la pared era de día.

Cuando cruzaron al otro lado, Ekaterina volteó para ver de dónde venían. Acababan de salir de un árbol gigante, adentro de un agujero en su tronco ella podía ver su habitación, y podía verse a ella misma durmiendo en su cama.

“Ese es sólo un señuelo, Kattie, un cuerpo utilizado para que tus padres puedan verte y creer que estás tranquilamente durmiendo. Pero no podrás despertar mientras estés aquí, a menos que vuelvas a entrar por este mismo agujero.” Cuando Jiggy terminó de hablar, el agujero se cerró como si se tratara de una gran boca, solo quedó un pequeño hollito del que salió un pequeño cilindro de metal con inscripciones. Decía “Ekaterina – Flunkast”. Jiggy lo tomó y se lo entregó a ella, “No pierdas la llave, sino regresar va a ponerse complicado”, ella tomó la llave (distraídamente, sin desvíar su atención del extraño, pero hermoso lugar) y la guardó en un bolsillo de su pijama, llevaba una camiseta y pantalones anchos, blancos con estampados de colores, y unas pantuflas con conejitos, miró hacia el horizonte. A lo lejos había un castillo gigante, pero no parecía una fortaleza medieval, era de formas más bien sutiles y muchas curvas, como un palacio árabe. Ellos estaban en una gran barranca, desde donde se podía ver varias aldeas que parecían tan pequeñas a esa distancia. El paisaje era muy verde, lleno de árboles. En el cielo se veían muchas lunas, contó cinco, algunas más grandes que otras, casi no había nubes.

“Es hermoso, ¿No?” Jiggy contemplaba el lugar con familiaridad
“¿Qué es esto? ¿Dónde estamos?” Preguntó estupefacta
“La tierra dónde siempre es de día, bienvenida a Kinópolis.”

10.3.08

Pérdidas. Parte II

Ya que no doy muchas descripciones de los personajes o las razas, decidí poner un dibujo del personaje que haya hecho en el pasado, o un personaje parecido que haya encontrado en google images.



Hmm... gracias por el café, lo necesitaba... bien, ¿por dónde iba? Ah, sí, recuperé el control. El director me había asignado esa misión y tenía que cumplirla. En frente mío, estaba esa gran caida sobre la cual flotaba Shift, quién no hacía nada en este momento. A mi izquierda, el capitán, Riogo, Razor, Cid y Steiner peleaban inútilmente contra Condena. A mi derecha, Titus y Argos intentaban que los demonios no nos ataquen de espaldas.

“¡Flatley!” Grité nuevamente y el burmeciano llegó a mi posición con un gran salto, “Tenemos que llegar a la enfermería y evacuar ahora, ayuda a los que estan abajo a subir.”, el dragonita asintió con la cabeza y se volvió a lanzar a la caida con su lanza.

Comuniqué ese mismo mensaje a los que peleaban sin éxito con Condena, e hice todo lo posible para cerrar la herida de Xheilie, la cual finalmente dejó de sangrar pero la dejó debilitada. Por el rabillo del ojo vi algo muy grande y volteé a ver qué era. Botto apareció de abajo, sostenido por Flatley y Smoky, en sus hombros llevaba a Shara Finx y a Glorfindel, ambos sin conocimiento.

Retrocedimos, Condena parecía estar divirtiéndose porque en ningún momento se puso a pelear seriamente. Shift parecía empezar a comprender nuestras intenciones y no dejaba de mirarme, yo sabía que al primer movimiento brusco iba a reaccionar.

Me quedaban tres hechizos cegadores, intenté tenerlos listos. Cid me miró y le asentí con la cabeza, le respondí. Disparó dos veces hacia Shift y luego cargó contra Condena, aproveché la distracción para conjurar ese hechizo tres veces en la maldita druida, mientras la katana de Cid torpemente mantenía distraída a las dos largas hojas de la destructora. “¡A la enfermería! ¡Ahora!” Grité yo, y todos obedecieron, menos Cid, que tras pocos segundos de combate, ya había recibido una importante estocada en el abdomen. Shift había sido cegada definitivamente, ya que ahora lanzaba poderosos conjuros para todos lados que hacían temblar toda la estructura.

Llegamos a la enfermería donde había cuatro sanadoras y los siete Lynwood, algunos vivos y otros muertos hace algún tiempo, pero por algún motivo, sin descomponerse. “Bien, Argos, sacanos de acá,” le dije, y sin dudarlo, empezó a abrir un portal. Escuchaba la risa de Condena que se acercaba.

“Yo la detengo,” dije, “ustedes vayan.”, el capitán parecía dispuesto a refutar “Ustedes son más importantes, tienen una misión.” Sin esperar a que me respondan, salí corriendo de la habitación mientras veía a Condena acercarse caminando. Nunca pude dominar el hechizo Artema, la quintesencia del daño sagrado, pero decidí intentarlo, levanté mis manos hacia ella y me respondió con una sonrisa. Una explosión enorme de luz blanca que destruyó las paredes del pasillo, todos los cimientos rotos volaron hacia mí. Ella los controlaba para que me atacaran con vida propia, no sabía que tenía esa habilidad.

Entonces debe haber visto el portal en la enfermería, porque los pedazos de estructura dejaron de atacarme y Condena corría ahora hacia adentro. Cuando llegó hacia mí, intentó cortarme a la mitad sin mirarme, si no me hubiese tirado al piso, lo hubiese logrado. Agarré su pie para detenerla pero me arrastró como si ni siquiera me hubiese notado. Todos los Lynwood y las curanderas habían entrado al portal, junto con los principales héroes, menos Argos quien se disponía a entrar mientras se acercaba Condena a gran velocidad. “¡Argos!” Grité, cuando volteó, la demonio estaba a punto de saltar al portal, Argos lo cerró inmediatamente haciendo que el monstruo impactara con fuerza contra la pared. Aprovechamos ese momento para correr fuera de la enfermería hacia los corredores.

El director tenía ahora una ametralladora enorme y disparaba con certeza a los demonios que se avecinaban. Condena saldría en cualquier momento del pasillo de donde habíamos salido nosotros y no estaría nada feliz por el escape de los Lynwood. Yo lo sabía, estas serían nuestras últimas acciones, nos agrupamos.

Argos era un humano, negro, su especialidad era la transportación; Flatley, un dragoon burmeciano, podía saltar varios metros; Cid Summer estaba herido, tenía su katana y su revólver siempre en alto; Xheilie, la sniper viera empezaba a recuperar fuerzas, llevaba con ella el cuerpo inmóvil del pequeño Glorfindel; Botto, el enorme Seeq tenía su garrote preparado junto a su amigo Titus, el monje Bangaa; se acercaron algunos alumnos y SeeDs sin nombre, no quedaban demonios, por lo menos no a la vista, sin embargo nadie tenía la sensación de comodidad que debería haber al ganar una batalla de estas magnitudes.

Nos preparamos para la segunda oleada que ya se podía oler.

“Necesito que hagas algo importante, Mawreen,” Dijo el director, me miró a los ojos y podía notar desesperación en los suyos, “Esta es la llave de Skyblade, Gemini y los otros deberían tenerlo, es vital para que terminen su misión”, me entregó una tarjeta magnética, Skyblade era la nave principal de Xhy Garden, su armamento y coraza eran pobres, pero su velocidad era incomparable, apenas puse mi mano en la tarjeta, el techo estalló.

Comenzaron a entrar esos malditos demonios voladores, los waltzers, y, como era de esperarse, su jefe Jörn. Condena salió del pasillo caminando mientras Shift retomaba altura. Ahora eran tres héroes de su bando contra cientos de “no-names”, yo incluída. Ahora, había ciertas tensiones... digamos... especiales entre algunos de los nuestros y esos jefes. Xheilie había jugado con Condena y no creo que la maldita pueda perdonar algo así, Titus fue uno de los principales responsables de la derrota de Jörn en la batalla de Theed, y podía notar algo entre Cid y Shift, ya que ella había adoptado la forma de su fallecida novia, dos veces.

Yo hice que Jörn se quemara con su propia magia, dejé ciega a Shift por un tiempo y fui la responsable de que Condena no se pueda colar en el portal. Oh sí, estaba fregada.

Mientras los waltzers volaban hacia los alumnos, quienes disparaban balas, flechas, hechizos y una infinidad de objetos extraños, los que estabamos agrupados arriba empezamos a correr en dirección al hangar. No aspiraba a llegar sin problemas, de hecho todo lo contrario, pero mientras más distancia pudiéramos abarcar sin encontrarlos, sería mejor para todos.

Mientras corría, ví que Shift ahora volaba a mi velocidad, a sólo unos metros de distancia, me miraba a los ojos con una sonrisa, claramente ya no estaba cegada. Levantó sus manos, esperaba un hechizo así que conjuré mi burbuja reflectora para devolverle lo que sea que me lanzara, sin embargo lanzó el hechizo al suelo alrededor nuestro, no pude devolver eso. Se engendraron muchos demonios en el acto, bajo nuestros pies, nos hicieron caer al suelo.

Estaba lista para jugarme, era todo o nada, tenía que realizar una explosión sagrada que abarcara el área en dónde nos encontrábamos, un hechizo enorme que no dañe a mis amigos pero sí a los demonios. Nunca había realizado antes algo así, pero podía intentarlo, y sonaba factible. Empecé a concentrarme mientras la batalla explotaba a mis alrededores.

Algo interrumpió mi concentración, un zumbido poderoso que se intensificaba. Condena venía a una velocidad increíble, algunos alumnos se dieron vuelta y intentaron atacarla inúltilmente, ella los mató con demasiada facilidad, cuando llegó a mí, lanzó un espadazo hacia mi cara que intenté esquivar, casi con éxito, sentí, casi en cámara lenta, como su espada cortaba parte de mi ceja (mis ojos estaban fuertemente cerrados), el corte seguía por mi mejilla, sentí como si mi ojo hubiese estallado. Caí al suelo, el dolor no me dejó hacer nada más que quedarme tirada y esperar a que me mate por fin, pero después de unos segundos, no me había vuelto a atacar, intenté abrir mis ojos. Mi ojo derecho se abrió sin problemas, pero intentar abrir el izquierdo fue un dolor incluso más intenso que el del corte, no podía ver absolutamente nada y esperaba que fuera por la sangre agolpada.

Nadie me atacaba, Condena parecía estar peleando contra Xheilie y Cid, no me molesté en ver a los otros, sólo me senté contra la pared. Intenté usar mis hechizos de sanar en mi ojo, pero no funcionaban bien, seguía sin poder ver.

Entonces apreté mi pobre herido ojo con mucha fuerza, lo hundí fuerte dentro de mi cabeza y me aseguré que la herida estuviera cerrada y apliqué el mejor hechizo que pude disparar de mis dedos. El dolor me hizo llorar aunque mi cara estaba demasiado llena de sangre para que se notara. El corte dejó de sangrar, abrí mi ojo y petaneé un par de veces, veía muy borroso pero parecía funcionar.

Bañada en mi propia sangre, regresé a la batalla, tuve que cerrar mi ojo izquierdo porque solo me confundía. Ví como Condena comenzaba a cortar a Argos por la mitad de la cintura, él se transportó en el acto, solo espero que a donde sea que fue, haya llegado en una pieza... literalmente.