31.3.08

El final del principio

Entró por la puerta trasera, vieja y oxidada, tironeó con fuerza para abrirla y parecía que se iba a soltar de sus bisagras en cualquier momento. El chirrido repentino despertó la atención de algunos vagabundos, que lo miraron brevemente y luego volvieron a dormir.

Adentro había otros vagos refugiándose, seguramente víctimas como él del segundo crack, tapándose con sus sacos Vicci y recostando su cabeza sobre sus zapatos VanCoste, sus caras estaban tapadas por barbas de semanas o meses. Frenó de golpe, rascó su barba que estaba ganando densidad, se sacó sus carísimos zapatos VanCoste y su saco Vicci y los dejó en el suelo, arrancó su reloj Hohnel y se sacó su anillo de oro, no iba a ser como esos vagabundos, aferrandose a sus posesiones que ya no tenían valor.

Subió los escalones lentamente, mientras lo hacía se sacó las medias, así sus pies desnudos sentían la textura y la mugre de los escalones. Se desaflojó su corbata, ese inútil pedazo de tela que colgaba inútilmente de su cuello, siempre había odiado las corbatas. Mientras subía pensaba cómo todo podría haber sido diferente, cómo a él le podría haber tocado una vida exitosa si hubiese vivido en otra época.

Los puños de la camisa le molestaban, así que tironeó, arrancándose los botones. La experiencia se sintió tan liberadora que decidió arrancar todos los botones de la camisa, exponiendo su pecho velludo. Seguía ascendiendo lentamente, escalón por escalón, pensándo en todo lo que había perdido, en todo lo que fue suyo y él no aprovechó cuando tuvo la oportunidad. Tiró la camisa al suelo.

Llegó a la terraza, estaba desierta. Arrancó su cinturón y miro su inscripción en la hebilla, “Maloy and Davura”, toda su ropa era de diseñadores reconocidos, aquella vez que tuvo dinero decidió gastarlo en vestimenta... en nombres. Sus pantalones Fillip cayeron al no tener sustento. Caminó hasta el borde de la terraza y se quitó su última prenda, subió a la baranda de concreto, contemplando el largo viaje hacia abajo. Extendió sus brazos y cerró sus ojos.

No pudo hacerlo, no tuvo el valor. Abrió sus ojos y miró hacia abajo, algunos vagabundos lo estaban mirando. Bajó de la baranda y se puso sus calzones Girard Cousteau, se puso sus pantalones y los abrochó con su cinturón, bajó la escalera donde recuperó su camisa y su corbata, se puso sus medias, sus zapatos, su saco y salió del edificio.

Antes de irse, uno de los vagos le dijo “Oiga, amigo, si no tiene a dónde ir puede quedarse aquí, tenemos comida y techo.”

“Gracias” respondió él, “Es verdad que ya no tengo a dónde ir, pero no podría quedarme acá, es muy humillante lo que me vieron hacer.”
“¿Cree que es usted el primero en hacerlo?¿Por qué cree que vivimos debajo de un edificio tan alto? Y ¿Por qué cree que nuestras camisas tampoco tienen botones?”


El cuento es para ella que tiene la voluntad de seguir adelante... o mejor dicho, la falta de voluntad para dejar de hacerlo =P

0 laralalalala's: