II. Tus ojos se abren (parte 2)Caminaron un poco hasta llegar hacia una estructura extraña, la arquitectura de las cosas era inusual, Ekaterina no había visto antes algo similar, parecía un aparato un poco más grande que ellos, hecho de madera, metal y… algo más. Algo que ella sólo pudo relacionar con el exoesqueleto de un escarabajo.
Ekaterina se dio cuenta que el extraño aparato era un ascensor, porque se encontraba sobre el precipicio y tenía lo que podría ser una puerta, pero no veía ningún botón, revisó el artefacto buscando cómo llamarlo. “¿Qué estás bucando, niña?” Dijo Jiggy, mientras le daba a la puerta del ascensor un fuerte golpe, se encendió una luz roja arriba.
“Estoy confundida, Jiggy… ¿es esto un sueño?” Preguntó todavía algo pasmada, Jiggy, en respuesta, pellizco su hombro “¡Ay!”
“Sentiste eso, niña?” Dijo con una sonrisa.
“¡Sí, lo sentí, no lo hagas de nuevo!” Respondió molesta mientras se sobaba el brazo, “Pero, ¿Dónde estamos? Quiero saber todo sobre este lugar ¿Por qué siempre es de día?¿Nunca oscurece?”
“Desafortunadamente, querida, solo tengo una boca y tengo tiempo para contestar una sola pregunta al tiempo que tu haces treinta. Si tuviera treinta bocas te prometo que te contestaría todas tu preguntas en un instante.”
Ekaterina rió, “¿Por qué siempre es de día?”
“Simple, hay dos estrellas… como tu sol. Polly nos ilumina las primeras diez horas del día, y Jean las otras diez. Pero sí que oscurece, este planeta tan pequeño tiene siete lunas, los eclipses son muy frecuentes.”
Miró hacia las tierras de Kinópolis, aunque estaban muy alto y era muy levemente, podía ver la curvatura del planeta.
“¿Y las otras cuatro horas?” Preguntó ella
“¿Qué otras cuatro horas?”
“Polly ilumina diez horas, Jean otras diez… ¿no es de noche las otras cuatro horas del día?”
“Aquí los días sólo tienen veinte horas, pero la gente duerme mucho menos.”
“Entonces ¿Cómo se mide el paso del tiempo acá en comparación a mi hogar? ¿Si estoy aquí ocho horas, cuánto tiempo pasará en el otro mundo?”
“Eso te lo tengo que explicar cuando tengamos más tiempo, es complicado…” La puerta del ascensor se abrió de repente con un chillido horrible. Entraron. Adentro el ascensor era muy grande, tenía paredes de cristal que permitían contemplar el paisaje. Pero eso no fue lo primero en soprender a Ekaterina. El operador del ascensor era un cerdo. A simple vista parecía un hombre bajito y regordete, pero no lo era, su nariz, sus orejas, sus ojos, el hombre era un cerdito con bigotes y unas vestimentas extrañas. Tenía una espada enfundada en su cinturón.
“¡Jiggy!” Exclamó el cerdo en cuanto ellos entraron.
“Hola Feets, ¿cómo has estado?” Respondió Jiggy alegremente
“Oh, como siempre, nunca hay grandes cambios.” Dijo mientras bajaba la palanca junto a él. Las puertas se cerraron y el ascensor empezó a descender, pero no lo hacía a una velocidad constante, sino que temblaba y se movía irregularmente.
“¿Quién es la niña, Jiggy? ¿Otra protegida?” Preguntó el puerquito.
“Por cierto. Su nombre es Ekaterina, viene de Bélica, pasaba un mal rato allá”
“Ah, veo, veo” Extendió su mano hacia ella, Ekaterina la estrechó, “Es un honor, Ekaterina, mi nombre es Woolworth Feets.” Ella le respondió con una sonrisa, el cerdito le parecía adorable “Es una niña muy bonita, Jiggy, sólo mira ese pelo tan enrulado que tiene, es más negro que la noche, sin embargo brilla tanto como Polly.” Ella se rió, algo avergonzada. “Lástima su extraña vestimenta, ¿Por qué tiene conejos en los pies? ¿Es alguna tradición en Bélica?” Preguntó Feets.
“Es un pijama, es la ropa que uso para dormir, y lo que llevo en los pies se llaman pantuflas, no son conejos de verdad.” Le dijo ella mientras lo miraba fijamente a los ojos. Pero el cerdo no respondió, se quedó mirandola fijamente. “¿Pasa algo?”
“Estoy tratando de comparar qué es más azul, tus ojos o el cielo.” Dijo lentamente
“¡Eres un adulador, Feets!” Rio ella, Jiggy también soltó una carcajada.
Una luz se encendió en un panel cercano al cerdito. “Ups. Lo siento Jiggy, voy a tener que detenerme en el Puerto de las Nubes” Dijo.
“Qué desafortunado, no estoy de humor para esos snobs” dijo Jiggy.
“Nunca lo estás, amigo mío” Replicó Feets, luego movió la palanca para detener el ascensor y abrió la puerta.
Entraron tres hombres de edad avanzada, los tres vestidos con túnicas delicadas de aspecto caro, llevaban adornos de oro y armas semi ocultas. Todos llevaban barbas blancas y pelo corto. Cuando vieron a Jiggy lo saludaron cálidamente.
"Señor Flunkast, qué placer verlo de nuevo." Dijo uno, el de barba más larga.
"Neron, Conroy, Packard, el placer es todo mío," Respondió aduladoramente, aunque se escuchaba un tono de cinismo en su voz.
"No te vemos muy frecuentemente, Jigorio, que no me entere que te estás escondiendo de nosotros," Bromeó otro, el más calvo.
"Cualquier hombre sensato lo haría, Conroy." Los tres hombres se rieron cortezmente.
"Y, ¿Quién es la niña, Jigorio?¿Otra protegida?" Preguntó el otro, el que tenía más adornos de oro.
"Por cierto. Conozcan a la señorita Ekaterina Dragović, proveniente de Bélica." Dijo él.
"Veo que te decidiste a dejar atrás tus errores del pasado y hacerte de otra protegida. Me alegro por tí, Jigorio, era hora de que siguieras adelante." Le dijo el de barba más larga, al oir esto Ekaterina se sorprendió, pero no dijo nada. "Es una niña muy bonita."
"Lástima por su vestimenta," Dijo el más calvo "En mi casa de verano tengo algunas túnicas preciosas que a mi Monalina ya no le gustan, creo que le quedarían bien."
"Oh, Conroy, no es una niña desamparada a quien le regalas la ropa vieja," Dijo el que tenía más adornos, "Pasa por la sastería de Rufo cuando quieras, deja que tome sus medidas y le haga un vestido como sólo Rufo puede hacer, dile que lo ponga a mi cuenta."
"Eso es muy generoso, Packard, pero lo que ella necesita ahora no es un vestido." Respondió Jiggy. Ekaterina suspiró, ella sí quería un vestido.
"Y dile a Rufo que agregue unos zapatos, no es muy placentera la imagen de la niña pisoteando esos conejitos." Dijo el de barba más larga
"¡Que son pantuflas!" Respondió Ekaterina. El ascensor se detuvo y la puerta se abrió de nuevo.
Entraron cuatro seres que Ekaterina solo pudo asociar con ogros, eran realmente feos, con colmillos que salían de sus grandes bocas, cubiertos con armaduras oxidadas, llevaban enfundadas grandes espadas en sus espaldas.
"¡Ar'Khan, Flunkast!" Dijo el más feo con una sonrisa.
"Ar'Khan, Trosk, ¿Cómo estan?" Respondió con sinceridad, Ekaterina notó que a Jiggy le agradaban más los ogros que los aristócratas.
"Nosotros no saber de Flunkast en un tiempo, ¿estuvo de vacaciones?" Preguntó el de colmillos más largos.
"No, Vottoh, estuve ocupándome de algunos asuntos en el exterior, por eso no pude aparecer en ninguna de sus fiestas." Dijo él.
"Flunkast, ¿Quién ser niña? ¿Otra protegida?" Preguntó el de la armadura más oxidada.
"Lo es, Otoe'bu, su nombre es Ekaterina, viene de Bélica" Respondió nuevamente.
"Ser muy bonita, como la última protegida de Flunkast." Dijo mientras le dedicaba una sonrisa a Ekaterina de lo más desagradable, ella rió nerviosamente. "Otoe'bu sorprendido, creer que Flunkast no querer tener otra protegida después del horrible horrible destino de la anterior." Ekaterina miró a Jiggy sin palabras, pero él no la vió.
"Decidí... intentarlo de nuevo."
"A Tos'Koh gustarle pies de la niña. Tos'Koh recordar cuando pisó gatitos y quedarse pegados a sus pies ¿Eso parale a niña?" Dijo el de la espada más grande.
"N-No," Respondió ella nerviosamente, "No son conejos de verdad... son..." Jiggy la interrumpió
"No lo entenderás, Tos'Koh, no lo intentes." Dijo Jiggy, la cara del ogro se entristeció por unos segundos.
"Jigorio, ¿Consideraste nuestra oferta de aceptarte en el Puerto de las Nubes? Con nuestra influencia podríamos hacerte miembro en un instante." Dijo uno de los hombres.
"Creeme, Neron, nada me haría más feliz que desperdiciar mi tiempo jugando al Mei y comparando el precio y tamaño de mis posesiones, pero creo que mi barba no es lo suficientemente blanca y espesa como para sentir que pertenezco. Además tengo trabajo que hacer." Respondió Jiggy con frialdad. Antes de que Neron pueda responder, lo interrumpió un ogro.
"Niña vestirse raro, ¿Flunkast querer que Vottoh fabrique armadura para niña?" Preguntó el de los colmillos más largos.
"Gracias, Vottoh, pero no necesita una armadura por ahora." Respondió Jiggy. Ekaterina suspiró nuevamente, le encantaría tener una de esas armaduras.
Los tres hombres, los cuatro ogros, Jiggy y Feets hablaban bulliciosamente mientras Ekaterina miraba hacia afuera, estaban llegando al suelo, captó por el rabillo del ojo algo que se movía. Eran patas, el ascensor tenía enormes patas de araña, así se transportaba.
"Jiggy," Le dijo ella, "Todos ellos tienen armas... ¿Por qué?"
"Bueno, Kattie, los hombres como Packard las tienen porque son veteranos de guerra y no quieren que nadie les quite esa imágen. Los Lewrt son una raza guerrera, siempre estan preparados para algún altercado, y nuestro amigo Feets tiene que descender a Hivia, y sus habitantes suelen ser hostiles si se encuentran embriagados, lo que es bastante a menudo."
"¿Por qué tú no llevas ningún arma?" Preguntó Ekaterina, todos dentro del ascensor rieron, los hombres delicadamente, Feets con un ronquido y los ogros con fuertes carcajadas.
"Flunkast no necesitar armas, él poderoso" Respondió un ogro.
"Mi carrosa va a estar esperando abajo, Jigorio, ¿Quieres que los lleve al palacio?" Dijo uno de los hombres.
"No, gracias, Packard, no es mi primer destino," Respondió Jiggy.
"¿Flunkast ir para Ordill?¿Querer que Otoe'bu llevar?" Preguntó el ogro
"Gracias, pero tampoco voy para allá."
El ascensor llegó al suelo y la puerta se abrió. Los aristócratas salieron y se subieron a sus carrozas, los ogros salieron después, una especie de gusano gigante salió de la tierra y los cuatro Lewrts lo montaron como a un caballo, luego este zarpó a gran velocidad. Jiggy estrechó la mano de Feets.
"Buena suerte, amigo," Le dijo Jiggy.
"Sí, espero que esos malditos bichos no hayan tenido otra fiesta. Adiós, y suerte con tu trabajo." Bajaron del ascensor, el cual siguió descendiendo metiéndose abajo de la tierra. Luego Jiggy exclamó "Cómo odio estos malditos e interminables viajes en ascensor."