En cierto punto, lo que estás mirando con tanta alegría se interrumpe, y antes de que puedas saber quién es el padre del bebé de Rosalinda o quién le pegó cuatro corchazos al negro Frank Action, sale de la nada un anuncio importante.
El anuncio empieza recordándote que la forma del Siglo XXI es plana. La redondez no tiene lugar. Es por eso que lo primero que tenés que cuidar es la grasa corporal para ser delgada como Rosalinda o marcado como Frank Action. Ahora, con tantas opciones, alimentos milagrosos que saben mejor que los manjares más finos y no tienen una caloría, máquinas que hacen el ejercicio mientras te sentás cómodamente en tu living, pastillas que se disuelven en tu cuerpo atacando directamente esa grasa rebelde, ¿cómo es que vos tenés esa panza?
Antes de que puedas contestarte esa pregunta, surge una nueva. ¿Estás cuidando tu boca?, porque ahora no son sólo los dientes, sino que tenés que adquirir un aparato que además de limpiar tus dientes (que ahora pasaron a ser sólo el 10% de la salud bucal, y el número sigue decreciendo), masajea tus encías, limpia tu lengua, le saca brillo a tu paladar, engrasa los frenillos y, por supuesto, alcanza lugares que no podrías ver con un microscopio. Porque una bacteria que dejes viva se convierte en dos, y dos en cuatro. Además tenés que complementar tu nuevo mesías higiénico con su hostia y vino, y ahora podés elegir entre la limpieza natural de los bosques, el efecto que dura a largo plazo, el que actúa de diferentes maneras... y vos estás sentado ahí y pensás en tu cepillo de plástico (que, por cierto, acaban de mostrarte cómo murió de una manera trágica), y tu tubo de pasta común que nunca se termina.
Y mientras estás ahí, mordiendote las uñas, pensando en el Rosalinda o el negro Frank, te recuerdan que hoy mismo podés morir de un infarto, que es verano (y por ende tenés que tomar cerveza), que tu estilo de vida es ineficiente, porque tu teléfono celular ya es una piedra al lado de los que están ahí esperandote, porque tu pelo es grasoso o no brilla lo suficiente, porque ninguna chica te va a prestar atención si no te afeitás con una navaja de tres hojas. Terminás sintiéndote inseguro. Te olvidaste qué estabas mirando. Empezás a pensar que tal vez tu vida es un desperdicio y podés empezar a hacer más por vos mismo, como comprar esas cosas light... un momento. ¿Tan ingenuo sos? ¡Claro que no! No vas a dejar que exploten tus -- ¡uy, sigue! Mirá, era Pablo, no te puedo creer...